Jueves 12 de diciembre, 2019
  • 8 am

La dificultad de desplegar las alas

Adriana López Pedrozo
Por

Adriana López Pedrozo

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Por Maestra Adriana López Pedrozo
“La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y la comida.
Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer.
Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar.
Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.”(Richard Bach, 1970).
Creemos que en todos los campos, en mayor o menor medida, esta toma de decisión es una de las más difíciles del ser humano.
Abandonar el nido y buscar su propio camino vital.
Lo vivimos y pensamos que cuando le llegue el turno a nuestros hijos, un trabajo, vivir independientes, especializarse, elegir convivir con alguien, va a ser algo natural, pero no es así.
Surge un sinfín de sentimientos de las dos partes, tanto del pichón como de los padres.
Y, aunque hace 3 décadas, a los 22 años se esperaba el título para casarse, formar una familia, e independizarse, actualmente esto ha cambiado casi radicalmente.
La independencia es casi a los 30, no se piensa en la urgencia de traer hijos al mundo, se produce el desarrollo individual, técnico y profesional, y luego….., si se da…se piensa en formar un nuevo nido. También se producen situaciones en donde ante de los 30, ya se han producido matrimonios y divorcios. Cosa natural entre seres humanos que se deciden por vivir y no “protagonizar la obra de la familia perfecta”.
Muy difícil.
Muy criticable.
Muy juzgado, ya que en comunidades como la nuestra, existen reglas no escritas que conforman el camino a seguir, pase lo que pase.
No es una generalización.
Es una descripción sociológica ocurriendo en el siglo XXI.
Una gaviota que se salga del “verdadero camino” de “ir y volver entre playa y comida”, puede causar un revuelo general , tanto para la comunidad , como para la propia gaviota.
Seguir caminos culturales, sin aventurarnos a la posibilidad de apostar a la felicidad que cada uno considere, es todo un tsunami de emociones.
Emociones que necesitaríamos internalizar y comprender, para luego vivir y conocer la paz interior.
Sentir no es ser naif.
Es aceptar que podemos llorar, reír, equivocarnos, errar y volver a intentar.
Es abrirnos a la vida y dejarnos atravesar por ella.
Es sentir el dolor y luchar para superarlo(y de ese solo sabe cada uno).
Es poder estar solos, en silencio y no sentir miedo.
Es sabido que podemos estar rodeados de gente y sentirnos solos.
La “barra” muchas veces no nos llenan esos “agujeritos del corazón”, sino solamente nosotros reconciliándonos con nuestra alma y aprendiendo a volar, sin importar la edad.
Aceptarnos, querernos, perdonarnos es uno de los primeros pasos, que nos permitirán vivir y dejar vivir, sin culpas pero si escuchando al pequeña gran voz de nuestro interior y…confiar en ella a pesar de resto de la bandada.
Nuestros respetos a quienes están, en estos momentos, aprendiendo a volar.
A quienes vuelan distinto a mí y como yo creo que deberían volar.
A sus tiempos que no tienen que ver con nuestro rígido almanaque interno.