Jueves 12 de diciembre, 2019
  • 8 am

Días especiales

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
El día del padre es un día diferente.
Hay niños que no viven con sus padres o que sus padres no pudieron estar en el festejo de la escuela, o no quisieron ir, o niños que directamente no tienen su padre.
Seguramente algunas madres tuvieron que decidir abstenerse de llevarlos ese día.
¿Qué será mejor hacer cuando el niño se enfrenta a estas situaciones de ausencia?
Tema complejo. Sea por lo que sea. Lo mismo puede pasar el día de la madre o de los abuelos, cuando no se tiene y se ve que los demás niños disfrutan de su presencia en una fiesta escolar.
Seguramente cada caso es singular, y no hay una respuesta que diga que es lo mejor en general.
Es una actividad diferente en la que la falta y la consiguiente frustración de algunos niños, queda expuesta.
Sin lugar a dudas que un padre participe o no de una actividad no es una garantía que el niño se sienta feliz para siempre, pero sí ese día.
El afecto y la presencia paterna es todos los días.
El siglo XXI nos encuentra con una paternidad diferente.
Los padres muchas veces no pueden conectarse con sus hijos hasta mucho después de nacidos.
A veces notan que su bebé lo reconoce, puede calmarlo, y van comenzando a instituirse como padres.
La construcción de la paternidad es un proceso que no arranca necesariamente con el embarazo de la mujer en los varones de estos tiempos.
Se puede creer que saciando las necesidades del niño ya se cumple con la paternidad, pero esto, no es suficiente.
La filiación va acompañada del cuidado, la crianza, el diálogo, la atención, los sentimientos positivos.
La invasión tecnológica en los vínculos
A veces nos encontramos con padres que llevan y traen los hijos a la escuela, y en ese tiempo que podría darse un intercambio, una conversación, con una mano agarran al niño, y con la otra, van hablando por teléfono. . .
De la misma manera los tiempos para estar en familia, hablar, conversar, muchas veces son invadidos por la televisión y los celulares.
La tecnología nos envuelve y va gestando una nueva forma de “estar” con otros.
No solo en familia, sino también con amigos, en el trabajo. Es un “deber estar” conectados con todos, en simultaneidad.
Es difícil poner en silencio el teléfono y concentrarnos en quien somos y dónde estamos. En no perder el objetivo de la crianza que se espera para los hijos.
Vienen nuevas generaciones donde se ha naturalizado el “estar sin estar” o el “estar en varios lados a la vez”.
Es real que los padres buscan información, van a conferencias, leen libros de cómo ser buenos padres, pero no es suficiente. A la hora de actuar no brota hacer lo que dicen los libros, ni escuchamos en las conferencias. No es fácil ajustarlo a lo que cada niño despliega.
Quizás al observar el compromiso que implica criar hijos, es que muchos varones y mujeres, posterguen este momento en sus vidas, o le den largas al tema de la maternidad y paternidad.
Se sabe que todo lleva tiempo
Vivimos todos corriendo.
Con exigencias de todos lados, llevando y trayendo niños de una actividad a otra, más las presiones laborales, más la pertenencia a lo social que va acompañada de responder los chateos grupales, correos y demás…
Con la variedad de estímulos, las nuevas generaciones vienen con más demandas, exigencias, quejas y también, más etiquetas.
Si somos “buenos padres”, “malos padres”, “buenos hijos”, cómo deben ser para ser hijos ideales, y en esa carrera estamos.
El día del padre es un día que convoca, cuestiona, confronta con ideales, frustraciones, diferentes realidades.
No hay recetas de cómo ser, lo importante es ser y estar, como salga, como se pueda. Siendo lo mejor que cada uno pueda ser.
El comprometerse con un otro, frágil, dependiente, ávido de ser querido, escuchado, atendido, cuidado. . .tiene su “lugar” en la infancia y adolescencia.
El participar un día para sacarse fotos y subirlas a las redes sociales, es parte de una nueva cultura.
Al niño eso no le suma a su vida interior, no es lo que le aporta.
*Psicoterapeuta.