Martes 10 de diciembre, 2019
  • 8 am

¿Aburridos o distraídos?

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Diario

Ps. Gisela Caram*
Hace muchos años atrás apenas existía un diagnóstico para los niños que no cumplían determinadas pautas de atención en la escuela.
Primero se llamaba Disfunción Cerebral Mínima, después, como a nivel cerebral estos niños no presentaban ninguna lesión, se cambió a Déficit Atencional.
Este diagnóstico fue aplicado a los niños que no atienden lo que “debe” atender la mayoría.
Hoy tenemos muchas clasificaciones y diagnósticos en relación al proceso escolar y la atención en clase.
Hay muchas maneras de aprender, y no necesariamente un niño debe estar atornillado al banco para que sea garantía de que aprende. Puede mirar sin pestañear a la maestra, y esto no quiere decir que la esté atendiendo.
Antes y ahora
Cuando no existían tantos estímulos como ahora, los escolares que no atendían, o charlaban mucho o no sostenían las actividades escolares, entraban en esta categoría.
Niños con un Coeficiente Intelectual Medio o Alto, pero que en las pruebas de atención veían disminuido el nivel en relación a las demás pruebas.
No es lo mismo distracción, que es necesaria dentro del aprender, que desatención.
Muchos niños parecen estar entretenidos jugando y están escuchando todo lo que dicen sus padres…
En los procesos atencionales intervienen una serie de factores como el mirar, sentir, tocar, agarrar, jugar.
En el atender se ponen en juego todos los sentidos. Aprendemos a atender, porque nos atienden.
Para aprender la atención fluctúa, va de un mirar, pensar en un solo estímulo, pero también incluye momentos de distracción.
Se ponen en juego muchos factores, donde lo visual, capta la mayor atención.
Cuando miramos algo el parpadeo es un descanso para la vista. Cuando escuchamos, necesitamos también espacios entre lo que se escucha.
Que la palabra del maestro se discontinúe, haya silencios, no sea algo monocorde.
Si un niño queda aturdido, lo que hace es no atender, desatender para defenderse.
También se puede defender escapando a través del lenguaje del cuerpo, ahí tenemos niños con hiperactividad.
El déficit de atención puede ser, con o sin hiperactividad.
Es escaparse sin escaparse de dónde está.
En la hiperactividad hay un no poder elegir el objeto a conocer, no poder parar en un solo estímulo, sino tratar de atrapar todo lo que esté en movimiento.
¡Por qué puede desatender un niño en la escuela? Algunas causas pueden ser:
-Por problemas familiares
– Porque se transita alguna depresión o duelo.
-Porque es poco interesante lo que se enseña.
– Porque quien le enseña tampoco lo hace sentir importante y atendido.
-Porque se siente hostigado, Etc.-
Las investigaciones dan cuenta que desde que nace, el niño necesita encontrarse en la mirada atenta de la madre, en el tocar, sentir su olor, todo esto, conjuga el descubrir, crear y aprender. Y así, se van construyendo las bases de la atención.
El movimiento entre la atención y la distracción produce el aprender.
La distracción creativa dista de la desatención.
Con la enormidad de estímulos cibernéticos muchas veces se rotula de Trastorno por Déficit Atencional a chicos menores de 6 años, que no pueden estar sentados 4 horas en un banco de escuela.
Esto no es un Déficit, es un exceso de exigencia de los adultos. No se puede pedir a un preescolar que no se mueva.
Es imposible atender y repetir mecánicamente. Esto no es aprender.
Es sumirse a una repetición mecánica. Una forma de incorporar algo anulando la subjetividad.
La forma más saludable del aprender es desde una atención flotante, que vaya asociando y seleccionando con todos los sentidos.
Atender se produce en el “ENTRE”. Entre uno que aporta, despierta, mira, escucha, y otro que aunque no esté “quieto”, siente la conexión, le interesa, descubre y crea lugar en su mundo, para ese hilo invisible donde se siente que tiene lugar, que es mirado, escuchado, y también hay un vínculo afectivo que cuidar.
La atención en la etapa escolar precede de una buena conexión con las figuras de apego. De ahí se desprende un buen vínculo con el maestro. Un niño que está tranquilo no tiene preocupaciones o tiene espacio donde liberarlas, estará predispuesto a aprender, y ese aprender se dispara cuando siente confianza en sí mismo, cuando la devolución del otro, es una mirada gratificante y empática.
*Psicoterapeuta Vincular