Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

La mujer sin título

Adriana López Pedrozo
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Adriana López Pedrozo

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Mtra. Adriana
López Pedrozo.
Fue designada para organizar el recién creado Liceo número 6 de Santiago.
Cuando se impugna su designación, esta mujer redacta la siguiente nota: “Yo no tengo el titulo, es cierto -escribe a quien aspiraba al nombramiento con tres años de servicios fiscales y la condición de esposa del secretario de la Junta Central Radical-, mi pobreza no me ha permitido adquirirlo y este delito, que no es mío sino de la vida, me ha valido el que se me niegue por algunos, la sal y el agua.
Luego, renuncia ante el Ministro de Instrucción Publica don Armando Jaramillo, “en vista de las incidencias a que ha dado margen su designación, incidencias que no quiero calificar”.
El Ministro responde al telegrama, expresándole: “El Gobierno no puede aceptar la renuncia de un funcionario como Ud. que cuenta con toda su confianza, por incidencias que no tienen valor alguno, porque con ello se sentaría un precedente funesto para la Administración Pública.”
La Universidad de Chile le otorgaría, posteriormente, ese título de Profesora de Estado en virtud de los merecimientos que le reconoce.
Sin embargo, desde su experiencia adquirida trabajando en las escuelas rurales más remotas de Chile, desde los 15 años, ha dejado estos principios pedagógicos que, si los leemos con atención, aún mantienen vigencia:
“Para las que enseñamos:
Enseñar siempre en el patio y en la calle como en la sala de clase.
Enseñar con la actitud, el gesto, y la palabra.
Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna y la relación de cada conocimiento con la vida.
Hacer innecesaria la vigilancia de la jefe.
En aquella a quien no se vigila, se confía.
Empecemos, las que enseñamos, por no acudir a los medios espurios para ascender.
La carta de recomendación, oficial o no oficial, casi siempre es la muleta para el que no camina bien..
La maestra que no lee tiene que ser mala maestra: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente.
Para corregir no hay que temer.
El peor maestro es el maestro con miedo.
Todo puede decirse, pero hay que dar con la forma.
La más acre reprimenda puede hacerse sin deprimir ni envenenar un alma.
Es un vacío intolerable el de la instrucción que antes de dar conocimientos, no enseña métodos para estudiar.
Estudiamos sin amor y aplicamos sin amor las máximas y aforismos de Pestalozzi y Froebel, esas almas tan tiernas, y por eso no alcanzamos lo que alcanzaron ellos.
Nada más difícil que medir en una clase hasta dónde llegan la amenidad y la alegría y dónde comienza la charlatanería y el desorden.
En el progreso o el desprestigio de un colegio todos tenemos parte.
¿Cuántas almas ha envenenado o ha dejado confusas o empequeñecidas para siempre una maestra durante su vida?
Todo esfuerzo que no es sostenido se pierde.
No hay sobre el mundo nada tan bello como la conquista de almas.
El buen sembrador siembra cantando.
Toda lección es susceptible de belleza.
Hay derecho a la crítica, pero después de haber hecho con éxito lo que se critica.
Todo mérito se salva.
La humanidad no está hecha de ciegos y ninguna injusticia persiste.
Nada es más triste que el que el alumno compruebe que su clase equivale a su texto.”
Fue una educadora que enseñó las primeras letras a los pueblos de América Latina. Recorrió casi todo el continente para enseñar las primeras letras a los niños, campesinos, obreros, hombres y mujeres indígenas.
Inventó un método de enseñanza, para las primeras letras en el campo y comunidades marginales, creó la escuela nocturna para trabajadores, organizó las bibliotecas ambulantes y las enriqueció con miles de títulos en poco tiempo.
Fue la primera latinoamericana que recibió el Premio Nobel (15 de noviembre 1945).
La mujer sin título: Gabriela Mistral.