Jueves 28 de mayo, 2020
  • 8 am

Se puede cambiar este país

Pablo Mieres
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Pablo Mieres

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Pablo Mieres

Tenemos un gobierno inerte, falto de iniciativas y respuestas ante los principales problemas pendientes en nuestro país. La ausencia de propuesta resulta muy evidente y los problemas del partido de gobierno para alcanzar acuerdos internos aumenta, aún más, el sentimiento de agotamiento.

En efecto, el proyecto del Frente Amplio se encuentra agotado. Dio lo que podía dar, seguramente hay varios logros alcanzados, particularmente en el primer período de gobierno en donde se impulsaron varias reformas necesarias.

Sin embargo, en el segundo gobierno las inéditas oportunidades de crecimiento se perdieron por un imparable exceso de despilfarro y falta de control promovido desde la inefable conducción del ex presidente José Mujica. Fue el tiempo de los dos equipos económicos paralelos que impidió aprovechar oportunidades históricas que no se repiten fácilmente.

Diario

Cada uno de estos objetivos requiere un conjunto preciso de políticas y programas de acción que deberán llevarse a cabo con firmeza en los próximos años.

A modo de titulares, podemos destacar las siguientes iniciativas.

En materia educativa contamos con la gran ventaja de que el proyecto de transformación está pronto y muy bien diseñado, se trata de la propuesta de EDUY21 que nosotros apoyamos con total convicción. La transformación educativa es, no sólo posible, sino que ya se sabe muy bien que es lo que hay que hacer.

En materia de seguridad, la cuestión consiste en reformular la distribución de la policía en el territorio, recuperando el control de los barrios a través del fortalecimiento de las comisarías barriales en contacto directo con las comunidades locales. Al mismo tiempo, será imprescindible recrear la carrera policial y la profesionalización de las funciones de investigación y combate al delito.

La integración social implica una profunda transformación de las políticas sociales concentrando el esfuerzo en las familias pobres con hijos pequeños, con especial énfasis en la primera infancia. A su vez, implica un programa fuerte de rehabilitación de las personas privadas de libertad, así como un fuerte énfasis en el tratamiento de las adicciones a las drogas.

En este sentido, se debe proyectar una reforma profunda de la seguridad social que tenga por finalidad el diseño de un régimen sustentable y de equidad intergeneracional.

Implica, además, un fuerte programa de recuperación de la integración territorial desarrollando una propuesta de vivienda popular vigorosa.

La recuperación de la competitividad de nuestro aparato productivo implica una impostergable reforma del Estado que reduzca sustancialmente los despilfarros y los gastos superfluos que se han disparado a lo largo y ancho del aparato estatal, a partir de un estudio que preserve el gasto social y disminuya sustancialmente las erogaciones adjetivas que pululan en todos los organismos del Estado.

También resulta imprescindible una agresiva política de apertura al mundo, que permita mejorar rápida y sustancialmente las condiciones de acceso a los mercados para nuestros productos.

La promoción de incentivos y facilidades para la inversión empresarial es otro objetivo que debe estar asociado a un régimen tributario que diferencie y apoye a los pequeños emprendimientos.

De esta forma se podrá recuperar el vigor del mercado laboral y los puestos de trabajo.

Finalmente, es imprescindible aprobar un paquete de medidas de promoción de la transparencia fortaleciendo los organismos de contralor como el Tribunal de Cuentas y la JUTEP, modificando las reglas del Estado paralelo que se escapa del control de las reglas del Derecho Público, asegurando procedimientos transparentes en la selección de los jerarcas de las empresas públicas y reforzando el control parlamentario y judicial sobre la Administración.

Todo lo que acabamos de reseñar muy sintéticamente, se puede realizar. Es cuestión de voluntad política y decisión. Hay que recrear la esperanza de los ciudadanos en la efectiva viabilidad de un cambio. Se puede cambiar este país. Los uruguayos tienen que volver a creer que es posible cambiar hacia adelante. El agotamiento del partido de gobierno no puede significar la pérdida de confianza ciudadana en la mejora de nuestra sociedad. Un cambio progresista y humanista es posible.

A eso dedicaremos todos nuestros esfuerzos.