Domingo 15 de diciembre, 2019
  • 8 am

Parece mentira las cosas que veo…

Adriana López Pedrozo
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Adriana López Pedrozo

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Por la Mtra. Adriana López Pedrozo.
En el informe del INE del 7 de setiembre del 2018, aparecen los siguientes datos:
“El Instituto Nacional de Estadística (INE) da a conocer a través de este informe los principales indicadores de Actividad, Empleo y Desempleo del país que resultan de la Encuesta Continua de Hogares (ECH). El período de referencia sobre el cual se brinda información corresponde al mes de julio de 2018. En el mes de julio la estimación puntual de la tasa de desempleo para el Total del país se ubicó en 7,8%.
En el departamento de Montevideo, para el mes de julio, el desempleo se estimó en 7,8% y en el interior del país en 7,8%.”
Es decir que, pasados a números tenemos actualmente 234.000 orientales sin trabajo.
Contradictoriamente, aparece una situación de inmigración creciente hacia nuestro país.
Según datos actuales:
”Informó Cancela en la comisión de Asuntos Internacionales de Diputados, la cantidad de pedidos de residencia que se estima para el año 2017 es de 18.000 personas.
De esas, el 13% son venezolanos, es decir unas 2.340 personas.
También informó que en 2016 ha habido más de 400 cubanos solicitando refugio en Uruguay, un mecanismo para poder regularizar su situación porque se les exige visa.”
Los cuáles, suponemos, deben insertarse en el mundo laboral.
A recorrer Montevideo actualmente, se observa una creciente presencia de inmigrantes latinoamericanos, cubriendo diversos puestos de trabajos, tales como auxiliares de servicio domestico, mucamas y administrativos de hoteles, empresas de vigilancia, mozos, conductores de Uber, venta callejera, encargados de talleres especializados en determinadas marcas de automóviles, vendedoras en grandes tiendas transnacionales.
Una anécdota: uruguayo que controla su automóvil durante más de 20 años, llega a atender su unidad y no encuentra a la persona que lo atiende.
Consulta y le contestan que en su lugar hay una persona de otra nacionalidad.
Que el empleado anterior de 50 años no estaba más.
Que la diferencia de salario era de 70.000 a 25.000 pesos.
Se entiende, en el Uruguay de hoy.
Ese inmigrante dice que no, y hay una cola para el mismo trabajo que lo toma igual así sea por 15.000 pesos.
Es coherente con los éxodos de cientos de personas a pie, que vemos diariamente por los medios de comunicación, cruzando las fronteras…para comer.
Pero, a su vez nos preguntamos:
¿Dónde trabajan los uruguayos despedidos?
¿Dónde trabajan los empleados de las empresas que cierran casi diariamente en nuestro país?
¿Dónde se insertan los recién recibidos en un país de profesionales universitarios mayoritariamente?
¿Qué proyectos, planes, estrategias de creación de fuentes de trabajo, tienen todos aquellos que hoy están en la gestión del gobierno y los que ya se están postulando para serlo?
En uno de los últimos robos que se produjeron, llamó la atención que el delincuente le pide perdón al dueño del comercio antes de retirarse.
¿Qué habrá detrás de esa palabra?
¿Me quedé sin trabajo, robo porque me gusta, robo para comer, robo porque además me gusta asesinar?
Sin caer en la xenofobia, nos “parece mentira las cosas que vemos…por las calles de Montevideo.”