Martes 18 de diciembre, 2018
  • 8 am

Parejas hoy: tiempo, escucha y diálogo

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
El conflicto es parte de la vida; hay varios tipos de conflictos, y se manifiestan con emociones hacia adentro o hacia los otros.
Esto da cuenta de un “estado de ánimo” que repercute en uno mismo y en los que nos rodean.
Cuando tiene que ver, con cosas del otro que me molestan y no hablo, puede que sea un gran problema, porque el otro, no adivina mi pensamiento…
Hay momentos en que uno u otro se pueden preguntar, ¿esto es amor, costumbre, apego?, y el preguntárselo solo, sin compartir ni dialogar, hace conflicto.
Puede que se haga tiempo para escuchar lo que le pasa/siente el otro, con calma.
O, no detenerse ni darse cuenta que “algo”, no anda bien.
O, puede seguir “como si nada”, aun dándose cuenta, esperando que la situación pase sola.
Mirar al otro, escucharlo, hace a cuidar la relación. Sin caer en el “suponer”, que “todo está bien” o “esto es para siempre”.
Descubrir que parar, para reflexionar sobre lo de los dos, hacerse un tiempo, crear condiciones para “conversar”, puede ser una salida del conflicto, a veces, llega tarde…
Conectarse de otra forma.
Siempre hay “ruidos de alerta roja”, que se dan con reproches, reclamos y quejas, que muchas veces son naturalizadas y eternos.
Las personas se quejan por todo, si hace frío, si calor, si llueve y así en eterna disconformidad, y siempre buscando lo que debería ser o pasar.
Vivimos con la expectativa de que todo tiene que suceder como yo me imagino que tiene que pasar, pero las cosas son. . .
De esta manera, cuando pasa algo realmente importante, no es tenido en cuenta. Un poco porque cuando es una costumbre rezongar, o quejarse por todo, el otro se acostumbra y no escucha…
Dialogar, conversar es difícil. Muchas veces se escucha lo que se puede escuchar. Se recorta, porque el pensar lo que otro me dice, me duele, me molesta, no lo tolero y mi propio aparato psíquico filtra para evitar displacer. A veces lo que el otro me dice, me sorprende y descoloca, y sin querer, llevo la charla para dónde yo quiero y puedo, y así se sigue adelante hasta que el otro estalla…o no habla más…
Las parejas jóvenes, se manejan de otra forma. Van sobre la marcha, haciendo. Arrancan sabiendo que nada es para siempre. Hacen lo que tienen ganas. Negocian de otra manera. Tenemos mucho que aprender de los jóvenes.
El correrse de lo conocido como única forma de armar algo entre dos, es lo más saludable. Es imposible querer ser como los abuelos, o llevarse con “ni un sí, ni un no”, porque puede llegar a desgastarse el vínculo.
La creatividad de dos está en armar lo propio, no intentando calcar un modelo conocido. Y si bien, muchos se proponen no repetir la historia de las familias de origen, porque la padecieron, o porque no fueron felices en sus infancias, sin querer, las cosas vuelven a repetirse, nos trampeamos a nosotros mismos.
Si por ejemplo, se reparten las tareas de la casa, “porque no quiero ser como sucedió en mi infancia, que mi madre hacía todo y mi padre leía el diario”, el negarme a lavar los platos porque “no es mi tarea acordada”, es ubicarme en un lugar inflexible e intransigente. Puedo considerar, que el otro no pudo o se olvidó, y porque lo quiero, hacerlo yo. No todo en la vida es placer. También hay cosas que no nos gustan y las hacemos. No sintiendo que es mi obligación, o que el otro tiene la obligación de hacer, no está bueno sentir ese “HAY QUÉ…” sino que lo hago, por el otro, porque hay afectos.
Cuando las cosas empiezan a hacerse porque “HAY QUE…”, empieza a ser un problema, porque lo que se siente como IMPOSICIÓN, es un problema .
En una pareja adulta, cada uno va depurando en el tiempo situaciones y no queda anclado en los mismos problemas de cuando la relación se inició.
Discutir es parte del entre dos. Pero discutir siempre por lo mismo, es desgastante.
Escucharse, conversar y acordar, es un camino para resolver algunos conflictos…
*Especialista en Vínculos