Lunes 17 de diciembre, 2018
  • 8 am

Volver a empezar

Daniel Mazzoncini
Por

Daniel Mazzoncini

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Por Gerardo
Ponce De León
Creo que recordarán que en el último escrito les comenté de la señora que tenía la quinta orgánica y que pensaba ampliarla. Pero Dios propone y el hombre dispone; miren que está mal degusto; el día 1 de Octubre, con la granizada de ese día, se le “rompieron” todas las ilusiones, ya que no le quedo nada de su quinta. En una parte del escrito, que le contaba de esta señora, les decía que estaba viviendo de eso.
Estos casos, y creo que son muchos, nadie habla, nadie se acuerda de ellos, pero están ahí, trabajan ahí, viven ahí y viven de eso. Cuando me entere le hice saber que me acordé de ella y que por el lugar donde está ubicada su casa, debía de haber sido afectada por la piedra y que me costó llamarla ya que no tenía ninguna solución en mis manos.
La verdad que me encontré con las ganas; los deseos; las fuerzas; la entereza de un samurái. De mi encuentro con ella y la granizada habían pasado 5 días. Ya había comenzado de nuevo, su quinta estaba pronta para luchar y dar vida. Me contaba que cuando sintió la piedra (granizo) en el techo de la casa, se acordó de su quinta, quiso salir a tapar algo, pero tanta y de tal tamaño, que no se animó a salir. Cuando salí, estaba como me lo imaginé, por tierra.
“Me llamaron mis hijos y les comenté lo que me había pasado, como también que ya había comenzado de nuevo. Le pedí a Dios fuerzas y ganas de seguir adelante y las recibí. Dentro de poco, si Dios quiere, estaré vendiendo verduras. Él sabe bien que no es la primera vez que tengo que recurrir a su ayuda para salir adelante”.
Después que ella me contaba esto, me puse a pensar: ¿estaré en condiciones de obrar igual?, ¿tendré la fuerza necesaria, sacada de la nada, de la flaqueza humana, para volver a empezar? Y qué triste, llegue a la conclusión de que creo que no, ya que frente a otro tipo de pruebas y más pequeñas, me he quedado estancado, sin la fuerza de voluntad para volver a empezar.
Se podrán imaginar que lo único que me salió fue: cuando tengas verdura para vender, hazme el favor de avisarme ya que quiero comprarte, con una sola condición, tienen que venir con una dosis de fuerza de voluntad muy grande”
Puede ser que esta gente, que están todos los días del año, con el lomo doblado, mirando la tierra, que trabajan a cielo abierto, y que la gran mayoría de nosotros, nos olvidamos de ellos, tengan un don especial, una fuerza de voluntad muy grande, para ellos no hay fin de semana, feriados, ya que si le verdura o la fruta está pronta, tiene que salir, que cuando tienen una escala de producción grande, dan mucha mano de obra; y que si que ellos quieran son referencias, a ciertas horas de la mañana, cuando vemos, los que andamos en la ruta a gente en moto o bicicletas, es el termómetro que tenemos, de que los invernáculos están en plena producción.
Espero, dentro de muy poco, poder contarles a ustedes, como son y si encontré alguna diferencia al comer estas verduras.
El sabor va a estar dado por tantos “condimentos”, principalmente, por el amor que le ponen al cultivo de las mismas.
No puedo dejar de agradecer a Dios y pedirle que me ayude, frente a tantos ejemplos que me pone en mi camino, y pedirle disculpas de ser tan duro de entender y aprender lo que Él me quiere enseñar y me cuesta aprender .