Viernes 16 de noviembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

El fenómeno Bolsonaro

Por Fulvio Gutiérrez

Dr. Fulvio Gutiérrez
Que Jair Bolsonaro esté a pocos días de ser el Presidente de Brasil, no es una buena noticia. Ni para Basil, ni para América. Hombre que rechaza el sistema de gobierno democrático (aunque lo utiliza como si fuera el mejor comunista, vaya paradoja), racista, misógino, que desprecia a los pobres y a los homosexuales, que justifica la tortura, que apoya a los golpes de estado ocurridos en Brasil, que no le importan los derechos humanos, no puede jamás ser ejemplo para nadie.
Sin embargo, en la primera vuelta de las elecciones brasileras, obtuvo casi cincuenta millones de votos, y un altísimo porcentaje (46.60%) que lo posicionan como el casi seguro Presidente de Brasil en la segunda vuelta que se realizará el próximo 28 de octubre. Y para colmo, en ese increíble apoyo popular, lo votaron las mujeres, homosexuales, liberales, gente de color, que estuvieron dispuestos a apoyar a ese “monstruo” de la política que amenaza con ser su victimario.
Es que el pueblo brasilero, harto de tanto abuso de la clase gobernante, le dio la espalda a la izquierda corrupta, que fueera comandada por un ex obrero llamado Lula que llegó a ser su Presidente, pero que luego tiró todo su prestigio por la borda, y participó, apoyó, y en el mejor de los casos miró para otro lado cuando se destapó la mayor corrupción jamás esperada en la clase política brasilera. A vía de ejemplo, el “mensalhao” (pago a los legisladores para que votaran determinadas leyes que beneficiaban económicamente a altos jerarcas de la administración del Partido de los Trabajadores y sus aliados); el “lava jato” (la petrolera Petrobras licitaba sus obras a grandes empresas de ingeniería y construcción de Brasil, como parte de un programa impulsado por el presidente Lula y su entonces Ministro de Energía, Dilma Rousseff, para estimular la creación de empleos a cambio de sobornos que repartía entre políticos y empresarios. El dinero era reintroducido al sistema legal a través de negocios de hoteles, lavanderías y estaciones de gasolina para ser blanqueado, y luego era transferido al extranjero, a través de empresas “fachadas”, a cuentas en China y Hong Kong), y la compra de voluntades más grande que se conoce en Brasil y América por el accionar de la empresa Odebrechet (una empresa constructora que con el ilegal apoyo del gobierno de izquierda de Lula y de Dilma Rouseff, obtuvo mediante coimas la gran mayoría de las obras en Brasil y en otras partes de América comprando a preclaros representantes de la clase política), y quien sabe cuántos negociados sucios más de los cuales no tenemos noticias.
Frente a semejante sorpresa, cabe solo una pregunta: ¿Cuál fue la razón que llevó al pueblo brasilero a votar a favor de Jair Bolsonaro?
No somos politólogos pero no es necesario serlo para razonar en este caso.
La izquierda brasileña del Partido de los Trabajadores, abusó de su condición de reiterada mayoría. Se sintió segura, y eso la llevó en poco tiempo a sentirse inimputable de cualquier negociado ilegal del cual podía ser protagonista en favor de sus correligionarios. Cuado el abuso ya no tuvo límites, fue su perdición. Entonces llegaron las denuncias, y la Justicia brasileña cumplió su tarea bajo la dirección de un Juez incorruptible llamado Sergio Moro. Cayó Dilma primero, y después Lula. Con ellos una pléyade de coautores, encubridores y cómplices, que con el sistema del testigo protegido, “vendieron” a quienes habían sido sus “benefactores” a cambio de reduccióon en sus penas. Decenas de políticos brasileños fueron a parar a la cárcel. El pueblo brasilero tomó debida nota de todo eso, y pensó que ya iba a llegar el tiempo de “pasarle factura”. El tiempo llegó, la izquierda del Partido de los Trabajadores fue duramente castigada, y hoy está a punto de perder el gobierno y el poder. En otras palabras, fue un “voto castigo”, del cual la única responsable es la izquierda brasilera. Por tanto, hoy no tienen derecho a quejarse de algo que contribuyeron a crear.
Pero el problema no era solo en Brasil. Hoy la izquierda americana está en franca retirada, y eso es así porque está recibiendo un duro castigo popular. El abuso de poder y la creciente corrupción de sus cuadros medios y jerarcas mayores, hizo funcionar la “ley del péndulo”: los ciudadanos incluso de izquierda, abandonaros su filas y se pasaron a la denominada “derecha”. Más allá de que a nuestro juicio estas divisiones están perimidas, porque la derecha no es derecha; la izquierda no está a la izquierda y el centro no está en el medio. Lo ocurrido en Brasil, aunque en menor medida, también está ocurriendo en otros países. Las urnas echaron a Rafael Correa en Ecuador que hoy está siendo investigado por la presunción de haber recibido dinero de las FARC; en Paraguay Horacio Cartes fue reemplazado por Mario Abdo; Cristina Fernández -hoy procesada por múltiples delitos- en Argentina fuesustituida por Mauricio Macri; Michel Bachelet en Chile fue sustituida por segunda vez por Sebastián Piñera; y en Colombia, Iván Duque Márquez fue electo Presidente, derrotando al candidato de izquierda Gustavo Petro.
Finalmente la pregunta viene sola: ¿Y en Uruguay?
Pensemos: el Frente Amplio no tiene candidato fuerte y por lo que se ve, no lo va a tener; la corrupción saltó a niveles inesperados (recuerden Pluna, Ancap, Asse y otros hechos denunciados o a punto de ser denunciados como en la Aduana); Mujica fue el peor presidente en la historia del Uruguay cumpliendo el triste papel de inepto, irresponsable y negligente; el caso Sendic es una de las vergüenzas mayores que se vio en el país, vergüenza que no perdió porque hoy sigue queriendo candidatearse con el apoyo de la mentada “fuerza política de izquierda”; la política de seguridad, educación, y salud han fracasado; sus promesas de hacer o de no hacer no se cumplieron (el no más impuestos fue una burda mentira); el MIDES fue lo que se preveía, un centro de clientelismo político dominado por el Partido Comunista, con ayudas económicas voluntaristas sin contraprestación a los pobres para que sigan siendo pobres y pierdan su dignidad (típica característica de los gobiernos populistas); los sindicatos dominados por la izquierda, ofician como co-gobernantes con el consentimiento del gobierno cuando carecen de legitimidad y capacidad para ello; y suma y sigue..
Porque lo detallado es sólo parte de una larga lista de ineptitudes, irregularidades y profundos errores. No es de extrañar entonces que nuestro pueblo reaccione como lo han hecho sus hermanos latinoamericanos. Diga BASTA y retire el gobierno y el poder de manos de una izquierda que ha demostrado ser incompetente para ejercerlo adecuadamente. En octubre del próximo año, el pueblo uruguayo tiene la palabra.

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