Martes 18 de diciembre, 2018
  • 8 am

Los giles de siempre

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
La búsqueda de la inmediatez de un resultado hace perder la oportunidad de lograr el resultado que se busca. La promoción continua por los medios masivos de comunicación sobre el éxito de los que supuestamente triunfan y obtienen riqueza en forma mágica, y las infames ofertas que inflaman la necesidad de tener ahora y ya del último invento, le quitan la paciencia a los que miran y ya no son capaces de esperar, y esa urgencia infecta las conciencias hasta bloquear todo freno a la moral, para terminar pensando que todo vale con tal de satisfacer tanta urgencia.
Es obvio que todo lo fácil atrae, pero la realidad muestra, que es necesario recorrer un camino para lograr un objetivo y que aquello que se elabora pacientemente, a la larga, logrará inevitablemente un resultado, y que ese tiempo invertido en concretar un plan, al final, pagará multiplicado por varias veces el esfuerzo realizado.
Esa capacidad de crear, de generar cosas, de progresar en el conocimiento nos diferencia de los demás seres vivos, pero si hasta las hormigas son capaces de trabajar incansablemente para armar su hormiguero y guardar la comida que necesitan en el invierno, las abejas, son capaces de armar sus panales y cargarlos de miel, los perros son capaces de enterrar un hueso para cuando vuelvan a tener hambre, los pájaros horneros se toman su tiempo para elaborar su vivienda de dos ambientes con barro y pasto.
Sin embargo, entre los seres humanos, que contamos con las manos más hábiles de toda la naturaleza y del cerebro más desarrollado, hay quienes se sientan a esperar que las cosas les lleguen, reclamando de “pico abierto” que otros les den, lo que no tienen la voluntad de elaborar.
Vivir en comunidad sin duda, resulta una responsabilidad muy grande ya que cada uno de nosotros somos parte del conjunto y de lo que sumemos o restemos saldrá el resultado que al final nos permita sentirnos orgullosos o decepcionados de lo que somos o de lo que queremos ser.
Sin duda, que el primer objetivo debe ser, ponernos de acuerdo de cómo lo vamos a hacer, para lo que es imprescindible que se establezcan ciertas reglas, que se llamarán leyes, ordenanzas, reglamentos, y que una vez establecidas, será necesario que todos no nos manejemos dentro de ese marco y no tratemos de sacar ventajas en desmedro de los que respetan minuciosamente esas reglas.
Si no estoy de acuerdo con una norma en un ámbito de democracia, tendré todo el derecho de luchar para que se cambie, lo que no tendré derecho es de no cumplir con esa norma mientras se encuentre vigente, porque cuando cada uno hace lo que se le ocurre, impera el caos y la sociedad se disgrega y desalienta a los a los que las respetan, imponiendo el caótico concepto de “los giles de siempre”.
Las reglas hay que cumplirlas, y quien tenga la responsabilidad de gobernar, tiene la obligación de hacerlas cumplir, desalentando cualquier intento de acomodo al margen de la ley.
Cuando todos seamos giles cumpliendo con las reglas que la convivencia exige, se terminarán los giles, porque todos seremos iguales en beneficio de nuestro propio desarrollo, pero mientras esta situación no llegue, yo prefiero ser siendo gil y si es necesario de cuarta, lo prefiero, antes de ser un avivado, buscando un acomodo que mi esfuerzo no lo merezca.
Recién cuando terminemos siendo todos una comunidad de giles estaremos en condiciones de poner nuestro esfuerzo hacia objetivos que a la postre nos termine poniendo orgullosos de los logros alcanzados.
Por el contrario, los avivados, son un contrapeso para la sociedad, son falsos héroes, de pie de barro, que terminarán perdiendo cuando llegue la humedad y sólo perdurarán los que caminando lento pero seguros, han sabido esperar el fruto de su esfuerzo.