Miércoles 14 de noviembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

“¡Por favor…¡que su país no llegue a esto!…”

Por Néstor Albisu

Por el Dr. Néstor Albisu
Hace pocos días, el hijo de un viejo amigo me comentaba sobre un viaje realizado junto a tres de sus hijos mayores. Necesitaba levantar unas firmas de sus hermanos que hace años viven en EE.UU. Aprovechó vacaciones de primavera para que sus hijos conocieran sus primos.
Así prestamente tomaron un avión que los llevaría a destino. La rapidez de los preparativos o simplemente no se lo advirtieron, el avión hacía escala en Caracas. Los chicos pusieron mala cara y sugirieron aprovechar para conocer Caracas. A él no le pareció mala idea volvería a ver una ciudad donde realizara hace 11 parte de su Maestría. Consiguió un avión que unía esa capital con EE.UU permitiéndoles estar 48 horas en Venezuela. Quedando alejada del aeropuerto, tomaron un remise. Dejaron el equipaje en depósito y los jóvenes portaron sus inseparables mochilas. Eligieron el auto más pasable de los oferentes y marcharon a redescubrir Caracas.
Los chicos miraban con curiosidad un paisaje campesino muy diferente del relato de su padre cuando estuviera allí. En silencio veían barrios de emergencia y el estado de la muy venida a menos carretera Nacional. Mi amigo trataba con señas hacerlos callar. Notando que el chofer incomodo, no hacía comentario alguno.
Al fin el chofer habló,preguntando: ”Son argentinos?”. Y la única representante femenina del grupo, con sus 16 frescos y atrevidos años contestó”¡No,uruguayos!. Parece que esto animó al chofer y volvió a preguntar: ”Y,¿como andan las cosas por allá?”. Mi amigo frenó allí su relato y me acotaba: ”No soy machista pero solo una mujer pudo contestar como lo hizo mi hija”.
Es que la joven, ante la pregunta del chofer, prestamente respondió: ”Allá veníamos defendiéndonos…pero estos últimos años vamos de mal en peor. Por lo que escucho a los mayores……vamos camino a caer como ustedes o Cuba..”
Por suerte estábamos llegando al centro de Caracas porque después de la repuesta de mi hija un silencio pesado e incómodo se había adueñado del taxi.
Arreglamos con el chofer que allí nos debía levantar 48 horas después para llegar cómodos al aeropuerto para completar nuestro viaje. Frente a una Plaza, el Hotel donde nos alojaríamos. Luego recorreríamos la ciudad. Arreglado el detalle le aboné el viaje y el chofer bajó del auto para abrir el portaequipaje y entregarles a los chicos sus inseparables mochilas.
“Yo -seguía diciendo mi amigo- me acomodé en una mesa de la vereda en reparadora sombra mientras observaba a mis chicos con el chofer. Cuando se marchó los chicos se sentaron junto a mi…en silencio. Me extrañó esto último el bullicio son de las cosas que a veces molestan pero generalmente alegran mi casa”.
¿Novedades? – preguntó. Y cuenta que al rozar su manos con las de su hija las notó heladas. Ahí se alarmó: ”Por Dios¿que pasó?”
Y la chica, ya más calma me habló. Y cuando mi amigo contaba al que le temblaban los labios era a él. Contaba la chica: ”Cuando nos fue a entregar nuestras mochilas miró para todos lados y muy despacio…casi susurrando nos dijo: ”POR FAVOR…USTEDES QUE SON JÓVENES, NO PERMITAN QUE SU PAÍS LLEGUE A ESTO…ES UN LARGO Y MISERABLE CAMINO…QUE FINALIZA CON LA MUERTE…”
Tranquilizó a sus hijos. Aprovechó esos 2 días de estadía en Caracas para contarle a sus hijos los cambios negativos que había notado en aquella recordada y admirada ciudad. Los chicos ya en EE.UU se reencontraron con sus tíos y conocieron a sus primos en vivo y en directo.
Conocieron, hablaron, preguntaron….pero estoy seguro que de acuerdo a lo que mi amigo relataba, habrá un episodio que no olvidarán mientras vivan.
Y ustedes queridos divagantes, sabrán después de 25 años, que cuando relato algo real es posta-posta. Va con mi firma. Hasta el jueves.

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