Miércoles 14 de noviembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

La corrupción

Por César Suárez

Por el Dr. César Suárez

La excepción a la regla es el principio de la corrupción.

Si viviéramos solos en el mundo no necesitaríamos ningún tipo de reglamento, ni norma ni ley, haríamos las cosas tal cual se nos fuera ocurriendo y no recibiríamos cuestionamiento de nadie tal cual como se dice corrientemente, yo en mi casa hago lo que quiero, sin embargo somos parte de una comunidad y no tenemos otra alternativa que ponernos de acuerdo acerca de derechos y obligaciones para poder compartir el espacio en forma armónica y sin conflictos.

Una vez que acordamos, lo más saludable es no hacer excepciones a las reglas porque cada excepción puede estar violando el derecho acordado con alguna otra persona y por más que esa otra persona no emita opinión se irá mellando en forma casi imperceptible de inicio, pero con transcurso del tiempo se irá pareciendo a una mancha de humedad progresiva que si nadie se ocupa de corregir terminará por corroer hasta terminar por romper.

En ocasiones, la violación de la regla queda oculta al resto de las miradas pero siempre habrá por lo menos uno enterado de la falta, el que la ha cometido y le quedará en su conciencia la carga de esa pequeña o gran estafa, o mucho peor que eso, se irá acostumbrando a romper las reglas hasta que la corrupción se normalice y ya no importe ni lo poco ni lo mucho.

Mucha gente se manifiesta indignada de la corrupción ajena y se rasga las vestiduras públicamente, sin embargo esa misma persona viola otras reglas (evade impuestos, compra cosas de contrabando, y hasta adquiere cosas baratas sin averiguar su origen) contribuyendo de ese modo a la corrupción general sin embargo no percibe a sí mismo como corrupto, los corruptos son los demás y hasta en ocasiones cuando queda en evidencia, justifica su conducta diciendo, todo el mundo lo hace.

En la práctica cotidiana, la norma, el reglamento, la ley no alcanza con ser creada y enunciada, es necesario además que alguien la supervise para preservar la institucionalidad y si no es posible hacer que se cumpla es necesario derogarlas para no acostumbrar al conjunto a vivir al margen de las reglas que es principio de la disgregación y el caos.

Toda regla a su vez, debe estar dirigida a democratizar los derechos colectivos por lo tanto deben ser justas contemplando la equidad.

Sin embargo muchos le reclaman a la ley mucho más de lo que la sociedad puede conceder y los reclamos de diferentes sectores se “pisan” entre ellos y no es raro comprobar que lo que algunos entienden justo para sí termina siendo injusto para los demás por consiguiente se hace necesario consensuar y luego de consensuado es necesario respetar lo acordado.

Lamentablemente, existe la percepción colectiva de que “hecha la ley, hecha la trampa” y que siempre habrá una chicana y en ese juego siempre pierde el más débil por lo que quien está a cargo de impartir justicia no se debe descuidar.

Cada uno tiene que tener debidamente claro que cuando se hace trampa, cuando se traiciona lo acordado, cuando se viola cualquier regla se corrompe lo acordado y el que corrompe lo acordado es por definición, corrupto.

Como dice el proverbio bíblico del Nuevo Testamento “el que esté libre de pecado lance la primera piedra”.

La suma de pequeñas corrupciones genera la gran corrupción colectiva y no hay pequeña corrupción y si la hay, ¿dónde está el límite?, ¿hasta dónde se puede y hasta dónde no? ¿o habrá que hacer una ley interpretativa de cuál es la corrupción permitida?

Es imprescindible estar atento a cualquier transgresión de la ley pero primero que nada reflexionar interiormente tratar de limpiar el corrupto que llevamos adentro, “la caridad bien entendida empieza por casa”

Volvemos al principio, la excepción a la regla es el principio de la corrupción.

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