Miércoles 14 de noviembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

¿En el centro?

Por Andrés Merino

Por Andrés Merino
Entre las cosas duraderas que nos legó la Revolución Francesa está la famosa distribución de delegados en la Convención. Los que se ubicaban a la Izquierda, al Centro o a la Derecha. Y hoy, a pesar de que en muchos aspectos ya no tiene razón de ser, nos seguimos etiquetando de la misma manera. Actores nuevos en la política, como Novick, repiten incesantemente que no se consideran ni de Izquierda, Centro o Derecha, y poco les importa que los pretendan encasillar en alguna de las tres categorías. A la hora de hablar de Políticas Sociales el líder del Partido de la Gente dice que no le incomoda que lo tilden de izquierdista, a la vez que lo llamen de “Derecha” cuando se refiere a reprimir la delincuencia.
Es que tenemos que aceptar que el mundo ha cambiado, especialmente desde aquellos intensos años de los sesenta y setenta, aunque nostálgicos vivan aferrados a ese pasado que tanto nos dividió. Colapsado el modelo marxista en prácticamente todo el mundo, salvo enquistadas y trasnochadas excepciones, el Socialismo fue arrastrado a esa realidad que demostró su fracaso. El Liberalismo que rige el estilo de vida de los países de vanguardia ya no puede ser etiquetado como de “Derecha” pues ha demostrado ser la herramienta más eficaz para la distribución de la riqueza y acceso a los bienes de la civilización.
Pero estamos en Uruguay, adonde las noticias suelen llegar con más o menos retraso, y admitamos en un breve ejercicio de imaginación que aún rige la clasificación revolucionaria francesa. En ese decorado imaginario ubico al reciente discurso del precandidato blanco Lacalle (hijo) como un esfuerzo deliberado por ocupar el Centro Político, mostrándose complaciente con tirios y troyanos, muy cerca de “La Positiva”, slogan que utilizara cinco años atrás y que le significara perder las últimas elecciones. Esta vez sólo le faltó hacer la “bandera” y repetía el plato de quinquenio pasado. Lo comprendo: asesorado por sesudos gurúes electorales, y mirando las encuestas de reojo, hay que hacer las menores olas posibles, no sea cosa que definiciones tajantes lo alejen de la zona de confort que le ofrece el Centro Político. También a Sanguinetti en su momento jugar a ser Centro le reportó pingües ganancias, aunque en un famoso debate con Tabaré Vázquez olfateó que probarse el traje de Derecha sería el knockout que llevaría a la lona al candidato del Frente Amplio en aquella ocasión. Y lo hizo sin que se le moviera ni una de sus pobladas cejas.
Quizá Lacalle no vea el panorama nacional como lo vemos otros cristianos. Soy de los que ven una Sociedad desgarrada por la destrucción de valores básicos familiares y de convivencia ciudadana. Veo asimismo un enfrentamiento diario y feroz con la delincuencia, veo generaciones enteras de uruguayos criados en la vagancia y el asistencialismo con fines políticos. Excluyendo los vaivenes económicos, el desempleo y la carestía, asusta el grado de violencia que se vive.
Violencia delictiva de magnitud epidémica, al decir del fiscal Zubía.
Y me pregunto si realmente podremos rescatar al país de este estado de cosas aplicando paños fríos y tratando de dejar contentos a todos, con un discurso netamente centrista.
Cómo es claro y es histórico, los blancos si conservan su buena salud electoral no superan en mucho el 30 % de las preferencias y van a necesitar de socios que realmente empujen hacia un cambio que el país necesite. Deberán asistir entonces a nuestras propuestas, mucho más drásticas que “La Positiva”, destinadas a poner orden en esta sopa que vivimos. Y si nos tildan de estar a la “Derecha”, no me quita el sueño. Las patas a esa sota se les verán en los próximos meses.

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