Miércoles 14 de noviembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

De ciudadano a “usuario”

Por Fulvio Gutiérrez

Dr. Fulvio Gutiérrez
Hace unos domingos atrás, reflexionamos sobre las redes sociales y su importancia en la política. Decíamos que la utilización de las redes sociales, se ha transformado en un valioso instrumento que cambiará y mucho la forma de organizar la actividad política en general y la actividad electoral en particular. Pero nos quedamos cortos. También se producirán otro tipo de cambios, tan importantes como negativos.
Después de leer al politólogo y periodista argentino Claudio Fantini, en su último libro “La tenue virtud” (Uruguay como excepción al caos en la región), profundizamos más aún nuestro análisis, y nos dimos cuenta que esas redes sociales son un instrumento peligrosísimo para la libertad de conciencia del ciudadano.
Fantini afirma que “en las democracias occidentales del siglo XXI, el “usuario” está desplazando al “ciudadano”, porque “la política ya no se piensa en términos de burguesía, campesinado o proletariado. La política se piensa en términos de usuarios”. Con la facilidad que se tiene de identificar a esos “usuarios”, los partidos políticos tecnificados pueden elaborar una propaganda política teniendo en cuenta sus gustos, sus predilecciones y sus rechazos. Es decir, volvemos al político demagogo y mentiroso que hacía sus discursos preguntando primero a sus punteros del barrio, cuáles eran los requerimientos de las personas a las cuales iba a hablar, para decirles lo que querían escuchar. Pero ahora, no para hablar a 30, 50 o 100 personas en un club político o en un comité de base, sino a miles y miles que lo van a leer con avidez a través de las redes sociales, sin que el político tenga que trasladarse a lado alguno.
Basta con que se siente detrás de su computadora, para llegar a sus “usuarios” a través de Facebook, Twitter, You Tube, Google, Instagram, Messenger, y lo que se invente en el futuro, para trasmitirles el discurso que esos “usuarios” quieren escuchar.
El “usuario” tipo de las redes sociales, generalmente no es un elemento pensante. Está fanatizado con ese juguete nuevo y absorbente, y pasa la mayor parte de las horas del día, mirando el monitor de su computadora y tratando de encontrar el material que le gusta, o mejor aún, que es afín a sus gustos o a sus ideas. Busca las opiniones que coinciden con la de él, porque de esa manera reafirma su ideario, y comienza a verse satisfecho con las cosas que le dicen. El que envía el mensaje, conoce eso y lo explota. Ya no se dirige al ciudadano, ni tiene que improvisar discursos almibarados para conseguir votantes. Se dirige al “usuario” que ya dejó de ser ciudadano (o no le interesa serlo), para transformarse en el “usuario” de las redes sociales, que luego busca a quienes piensan como él y va reafirmando conceptos, ideas, formas de actuar y hasta un lenguaje especial que identifica a todos quienes piensan igual.
“En ese punto –dice Fantini- el “usuario” “cede el control de sí mismo a quien sepa alimentar sus pasiones y abominaciones. De ahí en más, podrá ser manipulado y conducido por quienes le estén trasmitiendo propaganda diseñada a medida, ya sea en forma de noticia, de fake news (*) o de “relato”. Se llega entonces a una propaganda personalizada, “porque cada usuario se exhibe como un reality show”. Es decir, se manipula la propaganda en favor de un candidato (fue lo que se hizo en Estados Unidos a favor de Donald Trump), o en contra de un candidato, como está pasando en Brasil en estos momentos contra los dos candidatos del balotaje, o como le está ocurriendo al Intendente de Montevideo y casi seguro presidenciable por el Frente Amplio Ing. Daniel Martínez, a quien atacan con una andanada de noticias falsas a través de las redes sociales.
No queremos cuestionar las redes sociales porque sería absurdo. Pero sí queremos advertir por un manejo inmoral que puede torcer voluntades y atacar la democracia.
Como lo dijimos en una columna anterior, Internet acortó la distancia entre los dirigentes y los dirigidos. Entre el político candidato, y el ciudadano “usuario”. Pero vaya paradoja, esto que en principio parece ser bueno, está lesionando el sistema democrático de gobierno. Winston Churchill señalaba la relatividad de los sistemas de gobierno, cuando afirmó que la democracia, es el peor sistema de gobierno, después de todos los demás. Esto es decir que no hay sistema de gobierno perfecto, pero la democracia es el mejor.
Ahora, sin pensarlo ni quererlo, ha aparecido un enemigo inesperado: el manipulador de ideas en las redes sociales. No porque sean malas, sino porque se las usa mal. O mejor aún, con muy mala intención, porque se rebaja la condición de ciudadano a simple usuario, y porque lo que importa, en definitiva, no es que ese usuario piense, sino que se transforme en adicto. Y el adicto no piensa. Simplemente acepta. Y acepta con alegría porque le dicen lo que quiere leer.
Vean ustedes otra paradoja: en este tema, pensamos que el tiempo pasado fue mejor. Porque pese a todas sus fallas, el ciudadano era ciudadano. Pensaba, veía a su candidato de frente, le discutía y muchas veces, al momento de votar, no le era fiel. A pesar del vino y del asado. Hoy no hay vino ni asado. Hay otro tipo de adicción, que ha transformado al ciudadano pensante en un simple títere. ¡Vaya mundo el que vivimos!
(*) Las fake news (español: noticias falsas) son un producto pseudo periodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales divulgando desinformación deliberada con ánimo de engaño.

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