Miércoles 14 de noviembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

La ola liberal

Por Andrés Merino

Por Andrés Merino
Los gobiernos de corte socialista, no progresista, pues han sido un retraso, se caen como un castillo de naipes en toda Sudamérica, una de las zonas más empobrecidas del mundo en los últimos años. Duran lo que dura la plata ajena, lo que dura el encandilamiento de la gente a la que pretenden fidelizar con dádivas sin ningún tipo de contraprestación. El hoy reo Lula da Silva inventó el sistema de mantener a un electorado cautivo en base a regalar dinero y a acallar sus inquietudes de superación individual. Cuanto más amplia sea la base de personas asistidas, mayor será el número de votos a cosechar; basta recordarles que si su partido socialista pierde las elecciones, seres horribles provenientes de la Derecha les van a arrebatar sus regalados ingresos. Genial el razonamiento en teoría. Lo que no calcularon estas mentes simples es que el Socialismo como modelo va sofocando la iniciativa de progreso individual y la sustituye por una humillante repartija de recursos obtenidos de una insoportable carga impositiva.
Resultado? Economías devastadas, corrupción, delincuencia y demás ingredientes que campean por la actual América Latina y Caribe de los Maduro, Kirchner, Morales, Ortega, Castro, Lula y Mujica y Cía.
La gente, apelando a su básica dignidad, a los pocos valores que estos gobiernos no les pulverizaron, ya los corrió de Chile, Argentina y ahora del Brasil. En Bolivia ya le dijeron NO a las intenciones de eternizarse en el poder de Morales. En Venezuela, Cuba y Nicaragua se aferran aún con sangrientas represiones.
Es que se ha demostrado que el modelo Liberal, nada que ver con la Derecha y menos con el Fascismo que lo pretenden confundir, es la manera de mejorar el nivel de vida de las naciones y garantizar el acceso a los bienes de la Civilización al mayor número posible de ciudadanos. No en vano los «marxistas caviar» cacarean contra el Imperio Yanqui por ejemplo, y se mueren por vivir en él.
Hipócritas. No creo que pase por su mente ir a disfrutar de las delicias de regímenes como el de Maduro o los Castro, quienes han destruído a sus hermosos y privilegiados países.
El revolcón que sufrió el Partido de los Trabajadores en Brasil suena como un claro adelanto de lo que puede pasar en Uruguay el año próximo. Se respira en el aire: la gente está cansada de la delincuencia, de la carestía, del infierno impositivo, de la pérdida de valores familiares y sociales, de la justificación de la corrupción, del aislamiento internacional y suma y sigue.
Y no serán los fascistas o la «extrema derecha» la que saque al Frente Amplio del gobierno. Será la misma gente que les dio la oportunidad de que hicieran realidad la utopía socialista, devenida en naufragio.
A nuestro partido, el de La Gente, nuevo, sin baqueta política, sin figurones repetidos, se nos puede tildar de Derecha: no nos ofende, pero no de fascistas pues ese lugar ya lo ocupa la dirigencia sindical socia del partido de gobierno.
Somos, eso sí, los más duros críticos de la Izquierda, por inoperante, mentirosa y fracasada.
No tenemos mucha ropa que cuidar, así que seremos tajantes hasta que nos sacudamos al Frente Amplio del gobierno. La hora pide definiciones muy claras y los uruguayos buscan a quien darle un verdadero mandato de firmeza, alguien a quien no le tiemble el pulso siempre dentro de los cauces democráticos, republicanos y constitucionales.
Lo demás es más de lo mismo.

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