Martes 18 de diciembre, 2018
  • 8 am

Aceptarnos

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo
Ponce De León
Estaba en una reunión, en la cual se hablaba de la aceptación. Por las dudas voy a seguir con mi sistema de ir al diccionario para saber que quiere decir dicha palabra.
Aceptar: “Recibir uno voluntariamente o encarga. Aprobar, dar por bueno. Obligarse por escrito al pago de una letra.”
En un momento de la charla, veo a una muchacha, que la conozco desde el vientre de su madre, que estaba con su hijo, escuchando lo que se decía. En un momento, aprovechando que se había cortado la conversación, ella se me arrima y me dice: “Gerardo, es también muy difícil aceptar el ser pobre”. La verdad que me descolocó, ya que nunca se me ocurrió pensar en que se podía llegar a cuestionar, a ese nivel, su condición social. Pasado el primer momento, mi reacción fue de querer explicarle algo, pero ¿quién era yo para pasar de golpe a su extracto social, que en parte lo he vivido, pero no a la altura o en las condiciones que se que ella lo vive?
Ella se fue y quedé pensando en lo que me dijo. Hoy día, sigo pensando en su premisa. La charla continuo y les hice el comentario, si decir que era la muchacha que estaba esperando que las señoras del merendero, le dieran una taza de leche, unos panes, con dulce (a veces), ya que se que es, casi seguro, la cena para ellos dos. Todos me miraron y nadie dijo nada.
Puede ser que alguien que tiene piense, en como tener más, como mantener su situación o condición social, pero nunca se me ocurrió pensar en si uno acepta o no su forma de vida. Es muy triste tener que pensar que nos medimos o somos algo o alguien, por lo que se tiene y no por lo que somos; para colmo de males, esa diferencia económica, marque la aceptación de la misma.
Más de una vez, he dicho que ese tipo de gente, me ha enseñado muchas cosas, como naturalidad, colaboración, ayuda, entrega, cuidar uno del otro, todo, dentro de una gran gama de razones, que ellos manejan con una sencillez natural y sana. Muchos ejemplos se me agolpan en la cabeza, que lo hemos vivido, gracias a Dios, en las reuniones que teníamos con ellos; y lo hago en plural porque éramos, la mayoría de las veces, dos los estábamos reunidos con ellos. Se podrán imaginar que fui a contarle, a mi compañera de esas charlas, lo que me había sucedido, quedando ella también sorprendida.
Me parece que para moverse, en la parte social, se tiene que conocer el lugar donde uno se va a mover; es como si el alcalde de una zona, viviese lejos del lugar que es electo. Con los años que estuve en contacto con ellos y ellas, aun me siguen asombrando y me hacen sentir la falta de estar con ellos, para que me sigan enseñando, con humildad, sencillez, y sin darse cuenta, como vivir la vida con lo imprescindible y necesario.
Las escuelas de la aceptación, no hay que buscarlas muy lejos, están a nuestro lado, mucho más cerca de lo que pensamos; pero nos falta abrir más los ojos, dejar de lado nuestro “nivel social” para poder verlos, en la sencillez en que se mueven, y tendríamos que aprender mucho más de ellos. Claro que nos cuesta dejar un buen vivir, nos cuesta ser realmente humanos; de darle algo simple como el calor humano; de verlo con los ojos de temer frente a uno a un ser humano igual que nosotros, pero que vive en otras condiciones.
Todo nos lleva a dar gracias a Dios por lo que tenemos, por donde vivimos, y pedirle que nos ayude a abrir los ojos y nos enseñe a ver, en los otros seres humanos a Cristo