Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

Fortalecer el tejido social

Por Pablo Galimberti

Mons. Pablo Galimberti
El tejido social es una realidad dinámica, que se enriquece mediante iniciativas continuas para mantenerlo vigoroso. Entre estas resalto los pequeños gestos de involucramiento que aunque sean individuales, generan muchas veces una onda expansiva.
Los espacios de compromiso son variados. En la educación de los hijos, acercándose a los centros educativos. O en la escuelita de fútbol. A veces la chispa se activa en urgencias de salud. Otras veces mediante las redes sociales que canalizan iniciativas en pro de mayor seguridad ante la ola delictiva.
Es formidable la convergencia de muchísimas personas, instituciones, artistas, profesionales y familias en las movidas de Teletón con el objetivo de mejorar la calidad de vida de niños y adolescentes de todo el país.
El fin inmediato es el tratamiento de diversas discapacidades. Y a través de todas las redes sociales es toda la sociedad que mejora, logrando un mayor nivel de inclusión. Emociona ver cómo desde la República del Congo el Batallón de Infantería Uruguay 4 se sumaba a la acompaña.
Estos gestos generan optimismo. Contribuyen a mostrar la otra cara de los uruguayos, la mejor, que tiene que fortalecerse por encima de los obstáculos que nosotros mismos ponemos en el camino de otros que “no son de los míos”, de mi agrupación, color político o religioso.
Cuántos pleitos se evitarían si nos animáramos a cruzar la imaginaria y rígida línea divisoria trazada por la militancia política. Como en el caso de la acusación a la directora del Ipoll. ¿Qué se gana con acusaciones mediáticas cuando lo más sencillo es acercarse, informarse de primera mano y recién después analizar los pasos a corregir, si es que se constatan omisiones.
Los muros ideológicos parecen más rígidos y perdurables que el muro de Berlín. La misma laicidad no debería ser tanto un arma de combate sino una herramienta para encauzar las eventuales diferencias que existan. No es bueno que en un centro educativo prevalezca el clima de miedo en lugar de un ambiente donde sea posible plantear las diferencias. Si ese es el país real ¿por qué esconderlo? Cuando simultáneamente los alumnos lo están viviendo en las redes sociales, el barrio y en sus propias familias.
Me parece que es preferible educar en el compromiso social (gestos solidarios, eventos artísticos, campañas ante emergencias como inundaciones o familias que pierden su casa en un incendio o incluso en debates en áreas más personales) con involucramiento en diversas tareas o iniciativas comunitarias, antes que imponer la prohibición o el “aquí de eso no se habla”.
El humor de Quino plantea esta situación con final abierto. Felipe descansa acurrucado en un sillón y reflexiona: “cuánta gente estará haciendo cosas importantes mientras yo estoy aquí tirado! ¿No me da vergüenza?” Despierta, endereza su cuerpo. Y acomoda otra vez el cuerpo para seguir soñando. Sumergido en el repliegue inicial retoma su sueño despierto: “nunca termina uno de conocerse”. Elocuente conclusión de cómodo encierro y cobardía disfrazada de sabiduría.
El planteo es: o involucrarnos o mirar desde fuera, en el papel de comentadores o críticos de la vida personal o ajena. Todos podemos salir dela actitud pasiva e indiferente. Y pasar al involucramiento. Oportunidades no faltan. Desde la propia familia, trabajo, escuela, policlínica, merendero, capilla barrial, comisión de fomento, vecinos que pasan penurias de salud o duelos.

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