Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

Un desagravio a las nodrizas

Por Fulvio Gutiérrez

Dr. Fulvio Gutiérrez
El afiche que representa la 33° Fiesta de la Patria Gaucha que todos los años se realiza a orillas de la Laguna de las Lavanderas en Tacuarembó, muestra a una mujer de piel negra (ahora parece ser “políticamente correcto” llamarlas afrodescendientes), amamantando a un bebé de piel blanca. En una hermosa pintura de la autoría de Fernando Fraga, quien cumplió con lo que le fue solicitado por el Comisión Organizadora de la más importante fiesta campera que se celebra en el Uruguay, desde hace treinta y tres años.
Bastó que se diera a publicidad dicha obra pictórica, para que los inefables verdugos intelectuales del MIDES, con ese afán ideologizado de criticar –y si pueden cambiar- realidades históricas y tradiciones imborrables de nuestro Uruguay profundo, se expresaran en contra de la obra con el absurdo argumento de que constituía una manifestación de racismo. Dijeron que la pintura “retrotrae a un pasado que la comunidad afrodescendiente y toda la sociedad uruguaya deben rechazar”. Por su parte, Inmujeres (otro organismo del MIDES) señaló que el afiche “invisibiliza el impacto que la cultura esclavista y racista generó en las personas que la sufrieron.” Es otro ejemplo más de que basados en un criterio seudo político, ingresan en el campo de la estupidez, y agravian la intimidad familiar de hace más de ciento cincuenta años, con bases ideológicas y populistas del Siglo XXI. Tales expresiones son otro ejemplo del creciente totalitarismo intelectual que se nos quiere imponer, como la “ideología de género”, las absurdas inclusiones que pretenden corregir inequidades que en verdad no existen o ya están protegidas, cambios absurdos en nuestro idioma español y creaciones legislativas que si los temas no fueran importantes, serían para la risa.
Las manifestaciones ministeriales constituyeron sin duda un agravio a las nodrizas, esto es, al ama de crianza, ama de cría, ama de leche, o sea la mujer que amamanta a un lactante que no es su hijo. Lo hacían para salvar una vida recién nacida, y no importa si esa nodriza era de piel blanca o negra. Lo que sí importa es que, cumpliendo esa hermosa función, salvaron durante muchísimos años -sobre todo en el medio rural uruguayo- a miles de bebés cuyas madres biológicas por diversas razones no podían amamantarlos. Hoy es muy fácil solucionar el problema porque hay leche en polvo o diversos productos sustitutivos de la leche materna. Por eso decimos que los representantes del MIDES cometen el tremendo pecado de no tener en cuenta la realidad de aquellos años.
En verdad, las expresiones de los representantes del MIDES fueron infelices (para decirlo en forma respetuosa), disparatadas para decirlo con términos más directos, improcedentes y –como lo dijo el Intendente de Tacuarembó, Dr. Eber Da Rosa, poco serias. Salieron a los medios de comunicación, antes de dirigirse directamente y en forma oficial a la Intendencia de Tacuarembó, como correspondía.
Tampoco es cierto que el hecho sea grave (recurren a los conceptos de racismo y subordinación), porque en verdad, en modo alguno la obra pretendió trasmitir, reproducir ni naturalizar estereotipos estigmatizantes legitimados por autoridades departamentales obligadas por leyes nacionales (como expresamente se dijo), ni se trató de un mensaje racista violatorio de los derechos humanos. Con ese criterio podemos afirmar que el cuadro en el cual aparece Ansina cebando mate a Artigas, también es racista. Y entonces se lanzarán también a intentar destruir una relación de respetuoso afecto existente entre ambos y que es parte de nuestro orgullo nacional. Por su parte el cuadro de Fraga reproduce un hecho histórico ocurrido en el Siglo XIX. ¿O acaso el MIDES pretende ocultar hechos de la historia real, por el simple hecho de no comprender la diferencia de los tiempos en los cuales los hechos ocurrieron?
Y para terminar, debo hacer una confesión personal: me agravia personalmente las expresiones de los representantes del MIDES con un absurdo cuestionamiento a la hermosa y digna tarea de las mujeres que fueron nodrizas y salvaron la vida de incontables niños recién nacidos. Y me agravia porque cuando nací, en octubre de 1948, mi madre sumó a su tragedia de mujer viuda cinco meses antes, la terrible realidad de que no tenía leche para amamantarme. Me salvó una nodriza llamada Elsa Suárez de Abadie, una modesta mujer a quien conocí de joven porque tenía una relación de amistad con mi madre. También conocí al esposo y a uno de sus hijos, a quien consideré “hermano de pecho”. No importa el color de piel de las nodrizas; importa la función que cumplieron. Si no hubiera sido por Elsa, yo no estaría escribiendo esta columna.
Vaya entonces un desagravio a todas las nodrizas uruguayas, blancas o negras. ¡Qué va!

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