Martes 18 de diciembre, 2018
  • 8 am

La disciplina partidaria y la coherencia

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

76 opiniones

Por el Dr. Fulvio Gutiérrez

No es fácil la tarea del legislador cuando lo hace a conciencia. Porque no se trata solo del trabajo en el plenario o en las comisiones, sino la necesidad de estudiar los temas a tratar, de discutirlo a nivel de bancada, de asesorarse cuando es preciso, de acordar el contenido y la forma mediante la cual se va a actuar a nivel de plenario, etc. En todo este proceso, se pueden dar discrepancias entre lo que piensa institucionalmente el partido y lo que piensa el legislador como persona. Estas diferencias tienen que resolverse de alguna forma, pero sea como fuere, podemos estar ante un choque entre la denominada “disciplina partidaria” y el principio de coherencia en el razonamiento del legislador. Lo que se afecta en definitiva, es la ya limitada libertad del legislador.

La discusión que se ha planteado en el Parlamento, como consecuencia del envío por parte del Poder Ejecutivo de un proyecto de ley solicitando la autorización para el ingreso al país de hasta 400 efectivos y ocho aeronaves de Estados Unidos; así como tropas militares de otros países (en este caso no se indicaba número), como consecuencia de la realización de una reunión del denominado “G20” (*) en Buenos Aires, provocó una serie de consecuencias casi inesperadas.

Algunos legisladores del Frente Amplio que siempre han tenido una posición firme anti-estadounidense, se encuentran con que su gobierno, les pide algo que significa –precisamente- dejar de lado aquella posición que defendieron a cualquier costo.

En la Cámara de Representantes, en la sesión del pasado miércoles, no votaron el proyecto de ley los Diputados Gerardo Núñez del P. Comunista, Luis Puig del Partido Por la Victoria del Pueblo, y el Diputado Eduardo Rubio de Unidad Popular. Y al no votar, en el caso de los dos primeros, rompieron la tan difundida unidad del Frente Amplio, provocando que solo se aprobara uno de los tres artículos del proyecto remitido. Para ellos, hablar de Estados Unidos es mala palabra, en cualquier tema y circunstancia. No obstante, sus actitudes negativas adquieren una importancia enorme porque actuaron con coherencia a sus pensamientos, y rechazaron la denominada “disciplina partidaria”. Un buen ejemplo de madurez parlamentaria que reafirma su prestigio y la confianza que se merecen, más allá de que estemos o no de acuerdo con sus ideas.

En cambio a nivel del Senado, los senadores Constanza Moreira y Juan Castillo, han manifestado públicamente su opinión contraria a las autorizaciones que solicitó el Poder Ejecutivo. Pero al momento de votar, sus manos se levantaron a favor por “disciplina partidaria”. Una actitud totalmente contraria a las de los diputados mencionados, y un mal ejemplo como legisladores, que afecta, entre otras cosas, su prestigio y la confianza que se les pueda tener.

La disciplina partidaria es la capacidad que tiene un partido político para lograr que sus miembros (generalmente sus legisladores), apoyen las decisiones políticas que el partido resuelve. Los legisladores deben votar a favor de los temas que el partido apoya, y en contra de aquellos que no apoya. De no hacerlo pueden ser sancionados, salvo que para el momento de la votación, se levanten de sus bancas o en su caso, soliciten licencia para que la banca sea ocupada por un suplente. En cambio el principio de coherencia es el que hace que una persona actúe de acuerdo con su forma de pensar, porque sus acciones coinciden con su pensamiento. Si el legislador es coherente con su pensamiento, obviamente debe desobedecer la orden de su partido; y si lo hace, puede ser objeto de una sanción. Dicho de otro modo: la libertad del legislador se ve coartada por una decisión partidaria. De ahí, lo del título.

Esta contradicción de principios, que si bien no es muy común, resulta difícil de resolver, salvo que se apliquen a raja tabla determinadas normas internas del partido, lo que no ocurre porque siempre se encuentran razones políticas que “solucionan” el problema. Pero aún así, en esencia, el problema sigue existiendo y acompaña al legislador en todo su trabajo parlamentario. De ahí que para un legislador conciente, estudioso, prestigioso, esta situación es realmente difícil de resolver. Hay un enfrentamiento entre el partido político que le ha permitido al legislador ocupar su cargo, y sus ideas y pensamientos propios. No se trata de diferencias de principios, aunque a veces –como en este caso- sea el partido quien al parecer se habría apartado de ellos; sino de diferencias de estrategia, de procedimientos, de claridad de objetivos, de discrepancias en la motivación, de conveniencia, de oportunidades o de discrepancias con determinados antecedentes.

Algunos legisladores se mantienen en su posición, y como en este caso, al parecer, no habrá consecuencias. Merecen todo nuestro respeto. Otros, en cambio, no vale la pena ni hablar de ellos.

(*) El “G20” es un foro integrado por los 20 países más ricos del mundo, que representan el 85% de la economía mundial. Se dedican a analizar la cooperación y consultas en temas vinculados al sistema financiero internacional y temas relacionados con los países industrializados y economías emergentes.