Martes 18 de diciembre, 2018
  • 8 am

El uso de las tecnologías

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo
Ponce De León
Las cosas que el hombre inventa son todas muy buenas, tanto es así, que frente a estos progresos, uno queda pensando que quien lo hizo, no tiene mi nombre y menos aún mi apellido. El problema no es el adelanto, si no el uso que se le da al mismo. Un ejemplo muy claro es el de Alfred Nobel.
Este señor, excelente físico, es el inventor de la dinamita. Su invento estaba destinado para la minería, pero el hombre la usó para la guerra, ya que era un arma cruel, con la cual se podía ganar batallas. Este destino llevó a Nobel, a sentirse culpable de su invento y pensó en hacer público su arrepentimiento.
Este complejo de culpa lo llevó a dejar, en testamento, su fortuna a la “Fundación Nobel”, creada en 1900. El fin de esta fundación es de dar, anualmente, un premio a las personas que se destaquen y/o trabajan en beneficio de la Humanidad, en los campos de: Física, Química, Medicina, Literatura y por la Paz.
Nosotros ¿nos arrepentimos del mal uso que le damos a la tecnología? Es decir ¿somos capaces de pedir perdón por usar mal, los adelantos que hace el ser humano?
Por cierto que tenemos que contestar que no, ya que se generaliza y la razón de su creación, deja de importar, pero si vale el uso que se le da. Entramos a ser uno más de tantos, pero cabe aclarar que es muy probable, que desconozcamos el fin por el cual fue creado, no es una excusa, sino que es la realidad. Todo está hecho para que no tengamos conocimiento del por que fue inventado, pero si, tenemos que consumirlo y ahí apunta el desvío de su propósito. Se me podrá decir que el progreso es eso, pero la adicción, que muchas veces trae la tecnología, es por el mal uso que se le da a la misma. Pasamos a ser dependientes de ella. Ese es el error o el mal uso de los adelantos. Dejamos de escribir de puño y letra, no nos preocupan las faltas de ortografía, ya que la computadora nos indica, subrayando la palabra mal escrita; se deja la lectura, que es la gran maestra de aprender a escribir; no se le presta atención a la frase, ya que también nos indica si está mal confeccionada.
Tengo que reconocer que es un gran adelanto, pero nos hace dependientes de la computadora, por más que seamos gran admirador de aquellos que escriben y hablan bien (no deja de ser señal de cultura), ya que luego de sentirlos, un dejo de envidia nos entra, frente a esta gente, porque las faltas de ortografías están al día en cualquiera de mis escritos o existe incoherencia en el hilvanado de las frases. Más de una vez me han dicho: “te leo y es como escucharte hablar, medio entreverado”.
Pero esto no es culpa de los adelantos, sino un problema personal que muchas veces pasa por desatender lo que se está haciendo; de no haber ledo lo suficiente, en los años escolares o del liceo. La tecnología es otra cosa.
Espero y voy a tratar de corregir ese defecto que tengo, y si de algo me sirve, ese pequeño espacio en la radio, es que me obliga a leer mucho más de lo que la gente cree.
Esto para mi es un adelanto, no llega a ser tecnología, pero es la obligación a la superación. Todo adelanto en la raza humana es buscando un mejor vivir para todos los seres humanos.
Leía que los indígenas del Perú, en épocas precolombinas, con los elementos que tenían, eran capaces de operar y tocar la masa encefálica de su gente. Los alemanes, dentro de las atrocidades que, usando a los judíos, hacían, buscaban, con un fin errado, la mejoría de los alemanes (no era el ser humano, sino para mejorar ellos) en los campos de concentraciones.
Nos guste o no, es también tecnología.