Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
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Idioma

Por Padre Martín Ponce de León

Por el Padre Martín Ponce De León
Una de las realidades demostrativas de mi vejez es el hecho de, muchas veces, no llegar a entender el idioma de los jóvenes.
No hago mención al lenguaje escrito puesto que el mismo con imaginación y paciencia resulta entendible.
Hago referencia a ese lenguaje hablado que, muchas veces, me resulta inentendible.
En lo personal este tema me tiene “cariado”.
No es que quiera hablar como ellos pero, sí, por lo menos, entenderles debidamente.
Sucede que es un lenguaje de expresiones fugaces ya que cada tanto va cambiando las mismas.
No es un lenguaje rico o abundante puesto que cuando una expresión cae en desuso es borrada de su menguado diccionario.
Sin duda uno no está en contacto con los “lumpen” de la ciudad y, por lo tanto, podría tener un mayor conocimiento del lenguaje juvenil.
Se escuchan, en sus relatos, algunas de esas expresiones y surge un llamado de alerta para poder asimilarla e incorporarla al lenguaje con ellos.
Es importante, antes de algún llamado de atención, aclarar que uno no desea “bardearlos” sino, simplemente, hacer un aporte a la convivencia.
Con mucho cuidado deberá referirse a su “ñeri” porque sabe lo habrá de defender por sobre todas las cosas.
Deberá ponerse a la defensiva puesto que uno puede “pirar mal” en algunas conclusiones a las que puede llegar.
Por ello no es muy sencillo hablar con ellos.
Se sabe tienen códigos que no son los de los tiempos en los que uno se formó y deben ser respetados en ellos aunque debe ayudarles a ver otras realidades.
Ese conflicto de intereses no es sencillo de compaginar puesto ellos defienden su libertad y sus intereses de corto plazo.
Para ellos todo es “ya” y no tienen lugar para proyectarse a largo plazo.
Uno les escucha y “flashean” en sus proyectos y objetivos.
Para ellos nada es más importante que lo inmediato. Parecería no importasen las consecuencias de sus actos.
Se “amarrocan” con una idea y no la abandonan hasta no conseguir la misma sin importarles los medios para tal cosa.
Muy lejos están de lo que uno pueda pensar de ellos, por su comportamiento, puesto que lo que les importa es poder lograr lo que se han propuesto.
En ellos se da aquello de que el fin justifica los medios por más que uno sepa que tal principio no sea correcto.
Hoy en día los técnicos hablan de ellos como adolescentes aunque por su edad hace tiempo dejaron tal tiempo vital.
Es que mental y por conducta continúan inmersos en una prolongada adolescencia.
He puesto, en este artículo, entre comillas algunos de sus términos pero no quiere decir que los continúen utilizando.
Cuando aprendemos a utilizar alguna de las palabras de su idioma ellos ya no utilizan más a las mismas por eso es que, estoy seguro, este artículo no es otra cosa que testimonio de mi vejez.
No me importa tal cosa ya que mucho más me importaría no haber escuchado nunca tales manifestaciones del idioma juvenil.
Tal cosa sería el tener la certeza de estar muy lejos de los jóvenes de hoy. Al menos de algún sector de las juventudes de hoy.
No puedo decir dónde aprendo tal idioma porque nada es más grave que ser “buchón” y no deseo serlo.

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