Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

El “caso” Alan García

Por Fulvio Gutiérrez

Por el Dr. Fulvio Gutiérrez

Cuando nadie pensaba en temas internacionales, y el gobierno frentista seguía luchando con su ya acreditada ineptitud para solucionar los graves problemas de la seguridad interna, de la salud pública, de la enseñanza; con no saber qué hacer con el inefable Raúl Sendic, que con características de “Daniel el Travieso” se ha constituido en una tremenda “piedra en su zapato”, y con todo un circo mediático en torno a sus múltiples candidaturas presidenciables, aparece el por dos veces ex presidente de Perú, Alan García como “peludo de regalo”, pidiendo asilo político en la embajada uruguaya en Lima, aduciendo que era objeto de “persecución política”.

Precisamente, el Derecho de Asilo, es un derecho internacional de los derechos humanos, que puede disfrutar cualquier persona fuera de su país de origen en caso de persecución política. Dicho de otra manera, es la ayuda y protección que un Estado concede a una persona extranjera que es perseguida en su país por motivos políticos. Luego de una apresurada respuesta afirmativa y a la ligera, como nos tiene acostumbrados el Canciller Nin Novoa, el Presidente mandó “parar rodeo” y ordenó un análisis más profundo de la situación, aspirando a culminar con una salida negociada.

La justicia peruana investiga a Alan García por actos de corrupción, centrado fundamentalmente en haber recibido un pago de U$S100.000 en oportunidad de dictar una conferencia en San Pablo, Brasil, suma que le fue depositada en su cuenta bancaria en Lima. Esto no tendría nada de raro, si no fuera porque ese dinero le fue enviado por la empresa constructora Odebrechet, a través de una oficina de dicha empresa que se llama “Caja 2”, y que es la que estaba destinada al pago de las coimas que dicha empresa hacía a diestra y siniestra en toda América. ¡Véase la inmoralidad de esta empresa que hasta tenía una oficina encargada de pagar coimas a la cual se la denominaba “operaciones estructurales”! Vale aclarar que Alan García ya tiene un antecedente de solicitud de asilo cuando durante el gobierno de Fujimori se había asilado en la embajada de Colombia, y regresó a Perú recién cuando los delitos de que era acusado habían prescripto. Es decir; los antecedentes no le son muy favorables.

En este caso, si analizamos el problema a la luz de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre de 1948, y Convención Americana sobre Derechos Humanos de 1969, la situación tiene dos aristas muy claras: la primera, no existe persecución política alguna contra Alan García, sino que de lo que se trata es de la eventual comisión de un delito común de corrupción, para lo cual se está realizando la investigación correspondiente. La segunda, la investigación no es política ni está a cargo del Poder Ejecutivo peruano, sino que es una investigación judicial que obviamente está a cargo del Poder Judicial de Perú, que como el nuestro, es independiente.

Sin perjuicio de que la investigación a fondo de la situación planteada por Alan García puede acarrear algún elemento nuevo, en general, se entiende que no corresponde el asilo político. No estamos ante un delito político ni actos que puedan ser opuestos a los propósitos y principios de Naciones Unidas; quien investiga e interviene en la instrucción de los hechos denunciados, no es precisamente un Poder Político del gobierno peruano, sino el Poder Judicial, que es un Poder técnico e independiente; y la normativa peruana consagra y protege el principio del debido proceso legal, por lo cual el imputado tiene todas las garantías necesarias para su defensa

A la luz de todos estos elementos, y seguramente de aspectos de carácter político que nunca faltan en estos casos (Uruguay no puede quedar a nivel internacional como un país que protege corruptos), el Presidente Tabaré Vázquez deberá resolver; o en su defecto, iniciar una negociación reservada para llegar a un acuerdo razonable y ajustado a Derecho. Nosotros pensamos que no corresponde hacer lugar al asilo político de Alan García.

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