Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

Juan Carlos Gómez

Por Enrique Cesio

Por los caminos De la Historia del Uruguay y el Mundo
Por Enrique Cesio

Juan Carlos Gómez

Mucha gente se habrá preguntado alguna vez, por qué una calle principal de la Ciudad Vieja de Montevideo y una de Salto, frente a la cual están las oficinas de la Intendencia, llevan el nombre de este abogado nacido en 1820. Esta ficha aclarará esa razón.

Nacido en 1820 de origen brasilero, cambió su nombre original terminado en “s” por la “z” del español. Fue político, tribuno, periodista, ideólogo, en una austeridad sin baches. Inició sus estudios en la Escuela Mercantil y se adhirió en amistad y pensamiento anti-caudillista con Muñoz, Lamas, Pacheco y Obes. No concebía méritos militares aplicados a la política.

A raíz de las diferencias ideológicas preeminentes se exilió en Brasil, pero de ahí fue expulsado por sus ideas revolucionarias. Se radicó en Chile, donde sucedió a Sarmiento como redactor de El Mercurio. Encabezó clases de filosofía y en Buenos Aires, validó su título de abogado. La siguiente etapa del Dr. Gómez fue la ser electo diputado por el departamento de Salto, al cual visitó con reiteración, siendo apreciado entre la comunidad local. Nombrado ministro de RREE por el Triunvirato cuando éste se disolvió de hecho por las muertes de Lavalleja y Rivera, chocó con Venancio Flores y se retiró a Europa. Regresó con el gobierno de Gabriel Pereira y disconforme con la política anti-libertaria de éste, regresó a Buenos Aires. Aunque lo negó, se le atribuye ser el inspirador de la invasión del General César Díaz, terminada en la hecatombe de Quinteros. Intransigente con su anti-caudillismo. Otra vez volvió a ejercer la abogacía en la capital porteña, desde donde dirigió diarios y elaboró tesis política para formar una gran Confederación americana, que cayeron en el vacío. Sin transigir un punto en sus principios, falleció en Buenos Aires en 1884.Pidió ser incinerado, cosa que el albacea no pudo cumplir. Tras unos años en cementerio porteño, sus restos fueron trasladados al país, con grandes honores. O sea un homenaje a los hombres que nunca claudican de sus principios, por ninguna causa.

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