Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

A la mesa

Por Padre Martín Ponce de León

Por el Padre
Martín Ponce De León.
La mesa está servida.
Los niños son los primeros en sentarse.
Apurados, atropellados.
“¡Van a tirar todo! ¡Cuidado!”.
“¡Estos gurises parece que hace días que no comen!”.
Las peleas hechas discusión surgen de prisa.
Por el lugar en la mesa.
Por los cubiertos o los vasos.
“Vamos, chicos, ¿pueden dejar de pelear?”
Poco a poco los adultos van ocupando los lugares.
Son los que los niños han dejado libres.
Junto a la mesa todo es fiesta.
La comida es lo sencillo de cada mesa.
La mesa es lugar de familia que se reúne.
La mesa es lugar donde la familia comparte.
Allí se habla del tiempo, de la escuela o del liceo.
De fútbol y de los avances de la novela.
De la final entre Boca y River.
De las cuestiones políticas.
Allí se habla de lo que es de más interés.
Junto a la mesa Jesús se reúne a celebrar la fiesta.
Junto a la mesa Jesús se reúne en la sencillez.
Junto a la mesa Jesús se reúne para compartir.
Junto a la mesa Jesús se reúne para quedarse.
Allí les habla de la necesidad de la unidad.
De su amor y de la necesidad de permanecer en él.
De que sean servidores de los demás.
Que repitan por siempre lo que él ha realizado.
Allí les habla de lo que más le interesa.
La mesa está servida.
A diario la mesa está servida.
Para que libremente nos sentemos junto a ella.
Para que celebremos la alegría de estar juntos.
Para tener el gozo de lo sencillo.
Para prolongar el disfrute de compartir.
La mesa está servida.
Hay pan y vino para celebrar.
Hay Cuerpo y Sangre de Cristo para compartir.
Hay fraternidad para festejar.
Hay sueños para brindar.
Hay siempre lugar para uno más.
Desde aquella noche la mesa está servida.
Desde aquella noche para crecer en familia.
Para crecer como comunidad.
Para compartir el amor.
La mesa está servida.
Cristo es la razón de aquella fiesta.
Cristo es la comida.
Cristo desde aquella noche sigue siendo la mesa que está servida.
No hay lugares de preferencias ni asientos especiales.
Todo dice de igualdad y de fraternidad.
Es la misma comida para todos, es el mismo Cristo para todos.
Allí crece la unidad hecha cercanía entre todos.
Allí crece el sentido común que es respeto y aceptación.
Cristo golpea sus manos y con una sonrisa inmensa nos dice: “A la mesa”

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