Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

El silogismo de Abdala

Por Andrés Merino

Por Andrés Merino
No soy amigo de las teorías conspirativas. Creo que en su gran mayoría le dan a la realidad interpretaciones rebuscadas de acuerdo a la mucha o poca imaginación de quienes las formulen. De chico escuché algunas que rayaban en la comicidad, como aquella que decía que Gardel aún estaba vivo y se paseaba por la calle Corrientes con un sombrero de ala ancha para ocultar las quemaduras en su rostro causadas por el accidente fatal que le costó la vida. O la otra que contaba que Hitler, luego de sobrevivr a la guerra, afeitado su conocido bigote, acariciaba niños en las plazas de Alemania. Ya con más mala leche, hubo quien desmintió la llegada del hombre a la luna en 1969 y decía que el alunizaje se había filmado en un decorado de la NASA. Realmente graciosas y disparatadas.
En fin: no creo en brujas, pero que las hay, las hay. Y en nuestro país, azotado por una delincuencia sin dudas de características epidémicas, hasta personeros del Gobierno no han tenido más remedio que admitirlo.
Marcelo Abdala, Secretario General del PIT CNT y notorio dirigente comunista, ha sido uno de ellos, y esboza un par de soluciones tiradas al boleo que son singulares: En la primera se abraza del conocido tango del consumismo. O sea, que si no fuéramos tan consumistas no habría tanta delincuencia. Se desprende por su peso que la solución debe de estar por el lado de impedirle a la gente que consuma, algo parecido a lo que recomendaba Bonomi en cuanto a no andar bien vestido para evitar robos. Por supuesto que todo lo atinente al Derecho a la Libertad de los ciudadanos esta gente se lo pasa por donde no deberían, para ser suave.
La otra solución de Abdala es un comparación con Cuba que da escalofríos. Dice el «sindigarca» (así los llama Novick) que en Cuba no hay delicuencia pues allí existe una Democracia «diferente». Sólo un cuadro del Partido Comunista, con tamaño balde en la cabeza puede llamar a esa feroz dictadura de sesenta años de Democracia, diferente o no.
Los cierto es que en las zonas turísticas la seguridad es grande, pues hay un policía de uniforme o civil detrás de cada árbol, lo que me parece muy bien, pues cuidan una de sus mayores fuentes de ingresos, mas como en cualquier país, no es recomendable pasearse displicentemente por zonas complicadas, que seguramente Abdala ni la Oligarquía Sindical uruguaya conocen.
Volviendo a sus dichos, este hombre enuncia de hecho un silogismo (razonamiento que está formado por dos premisas y una conclusión que es el resultado lógico que se deduce de las dos premisas) curioso: 1) En Cuba no hay delincuencia. 2) En Cuba hay una Democracia «diferente». 3) Como conclusión, se debe vivir en una Democracia «diferente» como la cubana para no sufrir la Delincuencia.
Si repasamos todo el abono que el Frente Amplio ha echado en el terreno de la delincuencia de este país y cómo premia constantemente a sus protagonistas, culpándonos a los ciudadanos de «consumistas» y violadores de los Derechos Humanos de cuanto pichi delinque, debería corrernos un frío por la espalda de que en concepto de uno de los principales cogobernantes del país, la solución está en cubanizar a nuestra Sociedad.
He aquí una linda teoría conspirativa que no es de mi autoría. Se la he oído al fiscal Gustavo Zubía, que algo entiende de estos temas y no tiene pelos en la lengua.

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