Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

Las bondades de la naturaleza

Por Gerardo Ponce de León

Por Gerardo Ponce De León
Días más lindos que los que nos ha tocado esta última semana del mes de noviembre, es imposible pedir. Como siempre tenemos que poner un pero; las mañanas son muy agradables, y si se quiere hasta fresquitas, que se soluciona con un buzo liviano; al medio día el Sr Sol, se hace notar, y los atardeceres son como pintados. Mientras les escribo esto, puedo ver a la luna que comienza a menguar y es de mañana temprano.
Todo esto conlleva el hecho de sentir muy de cerca a la naturaleza. Los pájaros, en el comienzo del día, despliegan sus más variadas voces, dando ya señal de la alegría de vivir. Más lejos el ñandú macho, marca su presencia, y los teros nos anuncian su desvelo por sus pichones, frente al ataque de algún animal. Es comienzo del día, es el despertar, frente al alba, de la vida, que estando viva, y se encontraba dormida.
Hasta uno, siente ese contacto maravilloso con la naturaleza, y nos sentimos inspirados; se siente las ganas de transmitir lo que se siente, palpita y ve. Comienza el día y se empieza a despertar una brisa, propia de la época, para dar movimiento a la gente y a la maquinaria, que depende de ese aire, para dar más realidad a ese elemento imprescindible, en la vida humana, como es el agua.
Los animales, con sus “pichones” a su costado, van ganando tiempo y comen más de lo normal, para, en las horas de pico del Sol, poder estar echados, aprovechando la sombra bienhechora.
Más de una vez y no me voy a cansar de decirlo, que los que tenemos esta suerte, tenemos que dar gracias a Dios, por lo que nos permite, ya que el contacto con la vida, en una de, su casi forma natural, nos deja ser parte de ella. La gente de la ciudad, cuando tiene la suerte de sentir esto, no deja de admirar a la belleza natural, que otros tenemos la suerte de vivir muy de cerca. Es algo que una vez que se siente, se extraña cuando no se tiene.
Como verán cambio mi forma de escribir, ya que me encuentro en la parte de la estación primavera, que más me gusta. Como señal de vida, se comienza a ver los toros y los carneros, en los rodeos. La gran mayoría de las vacas con su ternero, a su costado, nos marcan su capacidad lechera, determinada por el estado de su cría.
Hasta en los seres humanos podemos ver una variación; se comienza a ver un cambio de color en la piel de los mismos; se viene el verano y se tiene que estar bronceado. También, en esta época, aparecen las bermudas y los zapatos livianos o cómodos. Las blusas floreadas o coloridas, marcan su presencia por los trabajos o en la calle, dando un colorido que es propio de la estación que nos encontramos.
Esta parte del año, contempla a los que les gusta, un tinte de frío y un dejo de calor; está para todos los gustos. Siempre existirán quienes dirán, que no es, ni frío y tampoco es calor; pero hay que escucharlo y dejarlo ahí. Cada uno tiene su gusto, y gracias a Dios que es así, ya que sería muy aburrido si todos fuésemos iguales, con los mismos gustos.
Para ayudar a darle más gusto, en esta etapa del año, tenemos lluvias; no viene al caso si es mucha o poca; pero las hay y es lo que hace falta. Existen actividades que, en esta época se juega la vida, en materia de agua, para tener la seguridad y tranquilidad, para el mañana.
Aprovechemos y vivamos. Demos gracias a Dios por lo que nos da y nos deja compartir y vivir. Luchemos por la naturaleza que es también señal de vida y que de ella dependemos muchos de los habitantes de este mundo.

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