Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
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Por los caminos De la Historia del Uruguay y el Mundo

Por Enrique Cesio

Por Enrique Cesio

Augusto

Si hubiera que elegir cinco nombres en toda la historia, de mayor influencia y poder, no podría escapar en la lista el de Cayo Julio César Augusto, nacido Cayo Octavio Turino en el 63 a.c. El gran Julio César -su bisabuelo- lo trajo junto a sí, lo adoptó y pasó a llamarse Cayo Julio César Octaviano. Finalmente ya hecho del todo el poder, se le concedió el título de Augusto, con el cual ha pasado a la historia.
Mientras gobernara su tutor, se hizo famoso por sus dotes militares y al ser asesinado su mentor, formó un Triunvirato con Marco Antonio y Lépido. No transcurrieron muchos años para que el último fuera exiliado y para derrotar a Marco Antonio, refugiado en Egipto y amante de Cleopatra. La batalla de Accio, dejó a Augusto con el poder total y pactó con el Senado para que éste estuviera controlado.
Mantuvo un ejército permanente, debidamente controlado; formó la Guardia Pretoriana, su custodia directa y que luego sería un factor político más. Dividió las fuerzas de seguridad en ejército, bomberos y policía. Para favorecer el comercio y controlar todos los rincones del Imperio, con sus legiones, construyó la mayor red de caminos, incluyendo esos puentes y acueductos que asombran por su perdurable utilidad. Es por eso que se dice “todos los caminos conducen a Roma”.
El afirmaba haberse encontrado con una Roma de ladrillo y haber dejado una de mármol, frase que se puede verificar todavía, si se recorre el Foro Romano, desde los primeros asentamientos hasta el Capitolio.
Creó un servicio de correos, adquirió tierras destinadas a viviendas de sus soldados; reconstruyó 82 templos y mandó realizar con su arquitecto Agripa, varios elementos centrales de la Roma Imperial: puentes, foros, templos.
Las bases políticas y económicas estructuradas por Augusto duraron doscientos años de paz y otros dos centurias de decadencia hasta la división del Imperio. Roma fue la dueña del mundo antiguo y creadora del derecho, de normas arquitectónicas duraderas hasta la Edad Media, de poetas y literatos de alcurnia, estudiados hasta hoy por su trascendencia, definió el latín, que sería raíz de varios idiomas como el propio español.
Cayo Julio César Augusto seguirá incluido en la historia del mundo, como uno de esos personajes contradictorias que entre luces y sombras, dejaron una marca indeleble.

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