Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

Política y religión

Por Pablo Galimberti

Mons. Pablo Galimberti
El diputado Dastugue informó que denunciará a la Ministra de Educación y Cultura. ¿Motivo? Calificó de “plaga” a las Iglesias pentecostales. ¿Cuál es el lugar de lo religioso en el espacio público: enseñanza, arte, medios de comunicación, política, etc.? Una adhesión de fe religiosa gozaen nuestro país de libertad para expresarse, respetando los límites de la convivencia.
Los sentimientos de fe se cultivan con ayuda de la familia o instituciones religiosas y se socializan diversamente. Pero entre lo privado y lo público no deberían existir tranqueras insalvables. En Uruguay conviven pacíficamente muchas comunidades religiosas. Por encima de las diferencias tratamos que predomine respeto y tolerancia hacia quienes no profesan la misma fe o se declaran agnósticos, ateos… Empezando por nuestra propia familia.
No me escandalizan las polémicas, expresión de una ciudadanía inteligente, libre y capaz de convivir con “el diferente”. Podemos expresar la “diferencia” en lo religioso, artístico, deportivo, político, filosófico, en la comprensión de la sexualidad, en la manera de asumir responsabilidades éticas, etc.
El evangelio de Juan tiene una página iluminadora:el diálogo entre el gobernador romano y Jesús, llevado por sus acusadores y presentado como merecedor de la muerte.
“¿Así que tú eres rey?” pregunta Pilato. Y Jesús responde: “Tú lo has dicho: soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo, para ser testigo de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”. Poco antes Jesús había dicho “mi reino no es de este mundo”.
Muchos gobernantes del mundo podrían quedar tranquilos si el reinado de Jesús no es de este mundo. No se impone con armas ni a “prepo”. ¿Se trata entonces de un reino fantasmal o afecta de algún modo la manera de vivir y convivir en sociedad, de trabajar y de responder a las cuestiones que nos desafían diariamente? Repasemos la historia para verificar la interminable lista de cristianos asesinados, desde el circo romano hasta las víctimas en países islámicos fundamentalistas.
Pilato introduce un término de su oficio: el poder o autoridad. Esta, para ser real, requiere un poder coercitivo, que enseñe a vivir en sociedad. Para Jesús lo esencial de su reinado es el testimonio de la verdad. Pero ¿dónde ubicar ese reino de la verdad? Porque no parece una categoría “política” concreta.
Jesús introduce un concepto positivo para hacer comprensible su reinado: la verdad. Es la cuestión que se plantea también en la doctrina moderna del Estado: la política ¿puede asumir la verdad como categoría para su estructura o es una dimensión intangible? ¿Pero qué pasa si la verdad no cuenta para nada? ¿No necesitaremos criterios comunes que garanticen justicia para todos? ¿No es cierto que las dictaduras han vivido a causa de la mentira ideológica?
Verdad y opinión errónea, verdad y mentira, están continuamente mezcladas en la sociedad.
El mundo es “verdadero” en la medida en que refleja el sentido de la creación, la Razón eterna o Dios del cual ha surgido.
La verdad es la balanza que da a todas las cosas su luz y su peso. Dar testimonio de la verdad significa hacer legible la creación y accesible su verdad a partir de la Razón creadora,… y que se haga presente a los poderosos el poder de la verdad, el derecho común, el derecho de la verdad.
La confusión dela sociedad aumenta cuando el mundo se vuelve ilegible y confuso, un “cambalache”, diría Discépolo.

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