Domingo 9 de diciembre, 2018 | Actualización: 8 am |
Columnistas

La gallipulga

Por César Suárez

Por el Dr. César Suárez
Nuestro lenguaje está lleno de frases hechas que la mayoría conoce y que contienen conceptos aprendidos al punto que en muy pocas palabras se sintetizan una ideas que trasmite mucho más que las escasas palabras que las conforman porque despiertan en cada uno ideas ya aprendidas y se comportan como un “botón” que desencadena una cascada de conceptos.
Una frase que todo el mundo repite es “la naturaleza es sabia” como un reconocimiento al equilibrio que genera entre cada uno de sus componentes para que permanezca en armonía a pesar que nosotros, los seres humanos, tratando de modificarla acorde a nuestro antojo, aunque ante el más mínimo descuido la naturaleza retoma su camino para terminar de volver a su esencia.
A pesar de que todo el mundo reconoce que la naturaleza es sabia hay ocasiones que uno no termina de entender para que sirven determinados especies y en que contribuyen al equilibrio.
No hace mucho yo mismo me preguntaba en una de mis columnas ¿para qué sirven los mosquitos aparte de molestar a todo el mundo, en que contribuyen al equilibrio ecológico?
Pero no sólo los mosquitos perturban la tranquilidad de los alérgicos y a los que no lo son, sin demostrar alguna utilidad adicional. Otro insecto terriblemente molesto que puede llegara a enloquecer a un individuo más o menos cuerdo es la pulga.
Yo recuerdo a la pulgas desde muy pequeño, en mis casa paterna siempre hubo mascotas que se encargaban de aportar estos insectos y cada vez que me abordaba una me volvía loco, me llenaba de ronchas y de una picazón insoportable que me hacía desnudar en cualquier lugar que estuviera para intentar liberarme a como diera lugar de ese insoportable insecto.
Como en este mundo hay gente para todo, también hay gente que se ocupa de estudiar a los insectos cuya profesión hasta nombre tiene “entomólogos” y por supuesto, entre ellos están los que se ocupan de estudiar las pulgas pero no se conforman con llamarlas como todo el mundo sino que le ponen un nombre bien difícil, según ellos, las pulgas son sinfonápteros porque cuentan con un sifón para chupar sangre y a su vez son ápteros porque carecen de alas.
Son parásitos externos, hematófagos, (porque se alimentan de sangre), pueden ejecutar saltos largos en proporción a su tamaño pudiendo alcanzar fácilmente a otros huéspedes gracias a que sus articulaciones poseen resortes de la proteína más elástica conocida, la resilina propiedad que comparte con otros insectos como los saltamontes y las langostas y pesar que con una alcanza para volverte loco, existes unas mil novecientas especies y que no sólo te pican sino que además te pueden trasmitir enfermedades diversas como el tifus, la peste negra o bubónica o la tenia del perro.
Estos molestos insectos sólo miden entre uno medio y tres milímetros y con eso les alcanza para volverte loco. Sus largas y elásticas patas les permiten saltar una distancia equivalente a doscientas veces su tamaño, es como si alguien de uno con ochenta de altura pudiera saltar una distancia de trescientos sesenta metros en un solo impulso.
Las pulgas hembras luego de alimentarse con la sangre de su huésped suelen depositar entre quince y veinte huevos por día hasta seiscientos huevos en toda su vida.
Hoy día que la ciencia ha logrado desentrañar el genoma humano y de otras especies sería interesante sustituir el gen “ponedor” de la gallina con el gen ponedor de la pulga logrando una gallipulga ponedora.
Con una sola gallipulga tendríamos gran parte de la alimentación diaria solucionada, eso sí, sería necesario ser muy cuidadoso y muy precisos porque si junto al gen ponedor se no cuela el gen picador de la pulga tendría consecuencias fatales.
Si una picadura de una pulga se vuelve loco no quiero saber qué pasaría si te pica una gallipulga, sobre todo si se contamina en las maniobras genéticas con el gen del sifón chupador de sangre, te pican dos gallipulgas y te dejan seco.
Mejor que nos metamos con la sabia naturaleza, dejemos todo como está, a las gallinas poniendo huevos de a uno y las pulgas lo más lejos posible.

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