Martes 18 de diciembre, 2018
  • 8 am

Mi fe en Macri

Andrés Merino
Por

Andrés Merino

55 opiniones

Por Andrés Merino
Macri fue un exitoso Jefe de la Ciudad de Buenos Aires. Su proyecto, continuado hoy por Horacio Rodríguez Larreta ha mejorado muchas cosas que están a la vista de cualquiera que visite a esa gran ciudad. De las primeras obras que llamó mi atención rescato cuando «enterró» ingentes recursos bajo tierra en afán de dotar a la ciudad de un sistema de evacuación de pluviales que terminara definitivamente con las recurrentes inundaciones que padecía. No le importó en ese entonces que le señalaran que tal esfuerzo, al no ser visible, no le reportaría votos. Y siguió insistiendo en obras bajo la tierra: extendió y creó nuevas líneas de subte, modernizó la flota de vagones y prolijó ese servicio. Reordenó el tránsito, creó la Policía de la Ciudad y realmente su presencia se hace notar; trajo el sistema de Metrobus y la lista sigue.
Decidió dar el salto de competir por la Presidencia contra todos los pronósticos que lo situaban como perdedor frente al kirchnerismo.
Jaime Durán Barba, su asesor político y de imagen insistía con dos números mágicos para poder soñar con ganar: el ser conocido por el 90% de los electores y que el rechazo no fuera mayor al 50%. Tuvo suerte y las circunstancias se dieron para cunplir con esa ecuación y llegó más rápido de lo que se pensaba a la Presidencia. También el caos que heredaría era mayor del que se esperaba. La barra que dejaba el gobierno se había robado todo, y dejaba de recuerdo una sociedad argentina fracturada y con su aparato productivo desmantelado.
Macri infló demasiados globos para su festejo y no se esperaba tanto viento de proa a su gestión. Cometió errores, bastantes, pero con la vergüenza que le da la honradez los ha admitido.
Bolsonaro, mientras tanto, en Brasil, acertadamente ha comentado que acaba de ganar el gobierno pero no el poder, ya que éste está dominado por miles de funcionarios del Partido de los Trabajadores que nada fácil se la van a hacer.
Sin un pelo de zonzo el Presidente Electo se cura en salud.
A Macri le ocurrió precisamente eso: los Kirchner abultaron el Estado con sus militantes y cada paso del Presidente transcurre por campo minado.
La crítica, siempre presente, destaca que huele a rico, lo que en definitiva debería tranquilizar a muchos pues es menos probable que tenga el apetito por lo ajeno que tuvieron sus antecesores. Y así va Macri a los tumbos, con ajustes, inflación, fluctuación del dólar y mil sacrificios de un pueblo castigado por desgobiernos anteriores.
Una le ha salido bien en estos días: fue un exitoso anfitriòn de la Cumbre del G 20 y las principales economías mundiales le han reiterado su respaldo.
Yo humildemente coincido. Le sigo teniendo fe a Macri.