Miércoles 18 de septiembre, 2019
  • 8 am

El país que queremos

Gustavo Varela
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Gustavo Varela

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Por Gustavo Varela

El 24 de diciembre de 1987, Wilson Ferreira Aldunate, ya gravemente enfermo, emitió a todo el País, un mensaje televisivo, que asombra hoy, por su total actualidad.- Me pareció que es de orden en éstas fiestas volver a repasarlo, pues es el país que queremos.-
“Cuando llega el final del año, en torno de la Navidad, el alma de todos se siente como tocada por una varita mágica. Daría la sensación de que en todas las latitudes, gente de diversas religiones o que no tiene ninguna, ve cómo se acallan las pasiones, cómo disminuye la dureza de los enfrentamientos. Poco a poco va desapareciendo la crispación de las actitudes, se crea un ambiente de fraterna comprensión. Gente de muy diversas religiones o de ninguna, repito, se encuentra, se abraza y se desea mutuamente en todas las lenguas del mundo, paz. Es también paz lo que por mi intermedio quiere desearle a todos los uruguayos, el Partido Nacional.
Yo sé que esto es lo que los uruguayos están viviendo hoy, lo que los uruguayos están viviendo hoy, lo que los uruguayos viven año tras año en ocasión similar. Pero todos sabemos también que no nos dura, que hay quienes terminando el estrépito de fin de año, pareciera que olvidaran el clima y resurge la crispación de las actitudes. Y vemos por sobre todas las cosas aquello que nos separa, y olvidamos lo mucho que nos une.
¿Que el Uruguay tiene problemas, quién puede ignorarlo? Lo que sí no podemos olvidar es que es válido invocar los problemas solamente si lo hacemos como modo de encontrar las soluciones. No sirve señalar la existencia de los problemas como vía de facilitar el enfrentamiento, la discrepancia, el desencuentro ¿Qué tenemos problemas? Vaya sí los tendremos. Tenemos problemas internos, problemas externos, unos dependen de nuestra voluntad, y en otros es poco lo que podemos incidir. Pero también es verdad que el Uruguay puede mirar su esperanza, lo que otros no pueden permitirse.
Los uruguayos discrepamos en cuanto a determinar cuáles son esos problemas. Por consiguiente discrepamos también en la búsqueda de las soluciones. Pero precisamente por eso es que la tarea es imprescindiblemente tarea de todos, que tienen necesidad de abordar en común, porque la solución, cuando aparezca, aparecerá por un esfuerzo colectivo, o no aparecerá.
Esto nos obliga a mirar el porvenir tratando de crear en él indispensablemente un clima de entendimiento, de fraterno entendimiento, eliminando los innecesarios malos humores, esas actitudes de dureza ideológica que a veces simplemente revelan dureza en el alma.
Nosotros tenemos que buscarle al Uruguay factores de aproximación espiritual, que nos permitan emprender la tarea, que necesariamente requerirá trabajo y esfuerzo. ¿Qué puede lograrse sin trabajo y sin esfuerzo? Nunca se ha conseguido nada de otra forma, y además lo que se ponga no vale la pena. Esfuerzo y trabajo que traen de la mano alegría cada vez que ese trabajo y ese esfuerzo abren camino de esperanza, y no recaen simplemente sobre las espaldas de unos pocos o muchos. Simplemente el esfuerzo tiene que estar repartido equitativamente entre todos. Y cuando ello ocurre los países son capaces de enormes realizaciones espirituales y materiales.
Nosotros tenemos un país que es pequeño y que es pobre, pero tenemos las únicas dos cosas absolutamente indispensables: los medios y la gente. El Uruguay dispone de más tierra fértil por cada habitante que ninguna otra región del universo. El Uruguay tiene niveles de educación y de salud que son, bien lo sabemos, insuficientes, pero que nos proporcionan puntos de partida incomparablemente mejores que los de otros que están en similar condición o posición geográfica que la nuestra.
El Uruguay tiene una tradición artiguista que le impone una voluntad integradora, sin la cual ningún camino de futuro está abierto. Y tenemos los uruguayos, por encima de nuestras diferencias políticas e ideológicas, un esquema de ideales que nos es común, y hace de nosotros una entrañable comunidad espiritual, y define al país como un estupendo país. En esas condiciones, la tarea es difícil pero está a nuestro alcance.
Si fracasamos, no echemos la culpa a otros. Será exclusivamente nuestra culpa. Estoy seguro de que no vamos a fracasar. Y es en este espíritu que el Partido Nacional le desea a todos los orientales, una feliz Navidad y muy feliz Año Nuevo. Miren que no les digo próspero. Nunca me ha gustado mucho eso de medir la felicidad en términos materiales. La prosperidad es condición necesaria pero no es suficiente para la felicidad. Entonces, nuevamente, Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo, deseémonos todos a todos.”
Al culminar éste año, les deseo a todos los Salteños, que el año 2019, sea de realizaciones tanto a nivel particular como general, y que sepamos encontrar los mejores caminos, para seguir construyendo un hermoso País.-
Ojalá que así sea.-