Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

El encanto en los amores adolescentes

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*

El amor en la adolescencia tiene esa impronta que marca para siempre. Todos los jóvenes en todas las épocas han transitado alguna historia que deja huella.

Sin lugar a dudas, más allá que sea una preocupación para los padres, ese pegoteo en el que se los ve, debería verse como un alivio, en tanto el amor los aleja de otros riesgos en los que, a menudo se ven envueltos, en el crecer; es más sano una novia/o a un grupo de amigos ociosos.

Cuando hablamos de una amor sano, lo pensamos desde ese enamoramiento de los primeros tiempos, donde no toleran estar el uno sin el otro, pasando aferrados al celular o prendidos entre ellos.

Soltarse a otro, enamorarse, poner el cuerpo en un vínculo nuevo, es un riesgo al que no todos los adolescentes se animan.

Cuando lo logran, comienza a haber una serie de cambios en sus conductas: pasan más tiempo fuera de la casa, o encerrados en sus dormitorios, solos, retraídos, hasta los grupos de amigos son dejados de lado en principio.

Los noviecitos se embarcan en un encuentro deseado, excitante y cargado de ilusiones y fantasías.

Cuando esta relación de novios se mantiene en el tiempo, a veces crece, pero también todo enamoramiento evoluciona, y en esa evolución se van desdibujando algunas conductas en diferente tiempo, lo que provoca reclamos, demandas, peleas y dolor.

Desde la inexperiencia, cada acto de uno y otro que sea vivido como diferente, ajeno, es sentido como riesgo.

Amenazados por perder esa fusión, van creando un vínculo de dependencia, donde uno de los dos puede llegar a sentir que no existiría sin su par.

Mutuamente se adjudican un poder, un lugar tan especial que uno u otro se va cosificando; sintiéndose un objeto, no puede vivir sin el otro.

Algunos amores adolescentes, transitan juntos el camino de MADURACION del VÍNCULO. Pasan de las fantasías y la idealización a la espera del tiempo del otro. El reconocimiento del otro como diferente. Estas son las que se inician en la adolescencia y perduran.

Otras relaciones adolescentes se terminan dolorosamente.

Transcurre el tiempo se casan, hacen sus vidas con otras personas, y después de un montón de años, esa primera relación de amor, que quedó idealizado, se nostalgia y se busca. A veces, esos encuentros son en momentos diferentes de la vida de cada uno, y no prosperan. Además, ya no son los mismos.

La mayoría de los amores de la adolescencia, duran lo que dura el enamoramiento, (etapa corta y de idealización del otro), el pasar al amor verdadero, es un trámite más complejo, y supone, hacer un proceso de aceptación de diferencias mutuas, un reconocimiento del otro tal cual es.

Los padres de adolescentes que pueden acompañar estos procesos, desde charlas de cuidado, deben además tener en cuenta, que lo que algunos jóvenes tramitan en una relación de pareja, otros lo tramitan desde otras evasiones, como los juegos de computadora o consumos problemáticos de drogas.

Transitar este crecimiento de vida, se superpone a situaciones similares de crisis evolutivas, que también pasan los padres.

Algunos puntos a tener en cuenta:

Estar dispuestos a conversar cuando “los adolescentes” estén permeables

Entender que aunque sean jóvenes, tienen muchas angustias y preocupaciones, que no manifiestan.

Localizar qué es lo que les preocupa, tarea difícil a veces para los mismos padres.

Transitar la adolescencia en pareja, es una forma de sentirse acompañado, comprendido, escuchado, por el otro, que está resolviendo lo mismo.

Sea como sea, esos primeros amores son una piedra fundamental para el desarrollo de otros vínculos. La estabilidad, la confianza, la aceptación de compromiso, van construyendo bases importantes del ser.

De vez en cuando la vida nos besa en la boca,

y a colores se despliega como un atlas,

nos pasea por las calles en volantas

y nos sentimos en buenas manos…”

J.M.Serrat