Domingo 18 de agosto, 2019
  • 8 am

El sufrimiento humano

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce De León
Es el primer escrito de 2019, y tendría que ser algo alegre, pero tengo la sensación de que va a ser complicado, lo va a salvar el hecho de ser un año electoral, por lo tanto, se van a ver cosas que se hacen para llenar los ojos de los votantes. Pero va a ser un año sufrido.
Esto me ha llevado a pensar en que es sufrir, porque se sufre y si tiene algún fin ese estado corporal y del alma; ya que el sufrir internamente, es un sufrimiento en el alma. Tengo que reconocer que existen muchas personas que son admirables, ya que uno los ve que están sufriendo y son capaces de ofrecer ese dolor para bien de otros. Me indican que saben mirar a sus costados, y ven que existen seres humanos que sufren mucho más que uno; sin que esto quiera decir que se busca un consuelo, sino que se acepta el dolor, lo tolera, lo aguanta, y lo ofrece. Aceptando lo que le sucede buscando el bien para otros.
No es pedir que se le saque el dolor, sino que se lo saque a otro y se lo de a él o ella. Esa es la grandeza de la tolerancia, el valor y la razón de un sufrimiento.
Cabe aclarar que el dolor, el sufrimiento, no es solamente dado por una enfermedad, es también el sentir hambre porque dio lo que tenía para comer a alguien que tenía más hambre que uno. No es dolor, hambre, sino que también es frío, desprecio, rechazo, humillación, separación, y el peor de todos que es el no ser tratado como una persona sino que es tratado como un objeto.
Se que se me puede decir que: “escribe eso porque no es el que sufre, me gustaría verlo a él como se porta si le toca”. Es muy cierto, y tengo que dar gracias a Dios, que mis sufrimientos, no son ni han sido, nada del otro mundo, pero he visto y conozco personas que ofrecen su padecer. Todo, porque quieren imitar, dentro de su pequeñez, a Cristo, que sufrió y fue capaz de aceptar la peor de las muertes, con mucho sufrimiento previo, por todos nosotros. Si, por más que no se quiera admitir, su vida se ofreció por todos los seres humanos, sin importar color o religiosidad.
Pero tengo que reconocer que no somos Jesús, pero él, en su condición humana, sufrió, pidió que se tenga piedad de él, y también lloró, pero su camino era, y por eso vino al mundo, para que nosotros siguiésemos el camino que nos dejó.
Lo material nos apega, nos hace querer las cosas y ahí sufrimos, si tenemos que hacer entrega de algo. Pero tenemos que recordar que entregar algo nuestro, nos duele, ya que es mío, y el valor de la entrega está en que me hace falta, de lo contrario, no me duele porque lo que se hace es “limpiar” algo que me sobra o me molesta.
El sufrimiento me enseña a mirar y luego que miro, veo o aprendo. Ese es el valor del sufrimiento. Se sufre porque somos de carne y hueso, y también tenemos corazón que siente (por no llamarle alma). Ese dolor interno, no se cura con remedios o yendo a un médico; ya que se cura pidiendo a Dios ayuda, contención y apoyo, es aceptar y humildemente pedir fuerza para superar el mal que estamos sufriendo.
Se que se me puede tachar de “cura” o de iluso, pero es lo que pienso y le tengo que pedir a Dios, que el día que me toque sufrir, me de la fuerza necesaria para ser capaz de ofrecer mi padecer para bien de otro. Que mi nariz no me ciegue la vista y que sea capaz de ver a mi costado el sufrimiento ajeno, que desde ya se que, en muchos casos, es más fuerte y doloroso que el mío. Mucho ayuda la forma que se encara dicho mal, y el llorar porque algo me duele o se siente, es la demostración de que somos seres humanos.