Jueves 21 de marzo, 2019
  • 8 am

Un momento bisagra

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

563 opiniones

Por el Padre Martín Ponce De León.
Sin lugar a dudas uno de los momentos trascendentes en la vida de Jesús es el que se conoce como “Su bautismo en el Jordán”
En realidad Jesús ya había sido bautizado según el rito judío puesto que había sido circuncidado. Ese es, realmente, su bautismo.
Muchos años después, trasladándose a las orillas del Jordán, va a vivir el encuentro con Juan y va a realizar el baño de conversión que este proponía.
Permítaseme realizar un divague sobre la propuesta de Juan.
Hay quienes sostienen que Juan había abrazado la religión mandea.
Los mandeos son un grupo religioso llegado a Galilea desde Egipto y proponían un baño de conversión como forma de purificarse.
De Galilea pasaron a Irak donde a finales del siglo pasado formaban una colonia de unos 20.000 fieles. Por no ser de religión musulmana fueron perseguidos por Sadam Huseim retirándose a una zona de pantanos donde aún sobreviven unos muy pocos. Ellos se denominan “Los cristianos de Juan” y tienen a Juan como su gran profeta.
La realidad imperante era una acabada demostración del enojo de Dios y la necesidad de convertirse para poder agradarle.
Esta es, sin duda, la propuesta de Juan.
Jesús se llega hasta donde se encontraba su pariente predicando. Escucha su mensaje y se somete a ese baño de conversión.
Va a pasar un tiempo con él y va a conocer a alguno de sus discípulos hasta que decide abandonar tal propuesta y comenzar con su misión.
Lejos de continuar predicando a un Dios enojado va a predicar a un Padre misericordioso, comprensivo y muy cercano a los hombres. Esa será su “Buena Noticia”
Tal acontecimiento ha de ser un momento bisagra en la vida de Jesús.
Deja atrás un prolongado tiempo de silencio dedicación a su familia.
Deja atrás un prolongado tiempo búsquedas y oración.
Ha llegado el momento de romper con su pasado y comenzar un tiempo de renovación y liberación.
No precisa de mucho para saber las consecuencias de su decisión.
Proponer un cambio, en aquella época, era enfrentarse con las autoridades de su tiempo.
Proponer un cambio era una invitación al conflicto y lo que ello implicaba.
Era asumir una misión nada fácil y con un destino casi inevitable.
Jesús asume esa realidad mediante el baño de conversión realizado por Juan.
Ya nada será igual en la vida de Jesús.
Comenzará su misión en la lejanía de Jerusalén y a nadie habrá de incomodar pero a medida se acerca a la capital comienza a molestar y a tejer su final.
La gran novedad de Jesús es su popularidad cimentada en su lenguaje sencillo y su vida coherente con su predicación.
No busca el poder ni la fama sino la dignidad de las personas que se acercan hasta Él.
Tiene la mirada puesta en aquellos a quienes el sistema y la realidad han marginado y viven olvidando su condición de personas.
No es fácil dejar tranquilidades o seguridades para empeñarse en tal tarea.
Vaya uno a saber qué movió a Jesús a llegar a la determinación que su tiempo había llegado y debía realizar tal cambio de vida.
Sin duda la prédica de Juan debió ejercer alguna influencia en Él para tomar tal determinación que tomó por sorpresa a sus familiares y allegados. Estos habrían de llegar a la certeza de que Jesús había enloquecido.
Lo cierto es que el encuentro con Juan va a motivar aquella conversión que implicaría cada uno de sus momentos de allí en más.