Martes 16 de julio, 2019
  • 8 am

“NO HAGAN OLAS”

Andrés Merino
Por

Andrés Merino

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Por Andrés Merino
Los números no están para nada claros a esta altura de los acontecimientos. Me refiero a las posibilidades de triunfo del Oficialismo o de la Oposición en el Uruguay. En mi opinión, más allá de cacareos de boliche, al día de hoy, en plena siesta veraniega, el panorama está abierto.
Es cierto que cinco años atrás la coalición de desgobierno aparecía con números más alentadores que los actuales, luego la Oposición pegó una remontada que gracias a «La Positiva», «La Bandera», un Partido Colorado débil y testarudo y otras yerbas fue aplastada a última hora por un Frente Amplio que incluso logró la Mayoría Parlamentaria.
También las encuestadoras sufrieron en todos estos años revolcones de temer, aquí y en el extranjero errando burdamente pronósticos que retrajo a esa actividad basada en técnicas serias a prácticamente adivinadores de suerte.
Algunos también les endilgan comportamientos poco transparentes a la hora de tirar números; el propio Dr. Tabaré Vázquez ha acusado sin vueltas a una conocida empresa de tergiversar resultados cómo represalia a un cese de contratación por parte de Presidencia.
El Frente ha tomado nota de este acortamiento de distancias, y rápidamente, mientras la Oposición duerme, de la mano de la viveza de Esteban Valenti, inventó un acuerdo con el Partido Independiente generando un espacio para frentistas aparentemente desilusionados que finalmente me huele terminarán dando el voto a la coalición en Segunda Vuelta. En detalle me he referido a esta maniobra y a su antecedente histórico en una nota titulada «Caballo de Troya», a disposición de incrédulos en los archivos de este diario.
También sin dudas la Izquierda recurrirá sin mucho pudor a las arcas públicas para una repartija demagógica de último tramo de campaña, que no será otra cosa que profundizar la política de asistencialismo que forma parte de la «Fiesta Progresista» que financia todo quien trabaje en el Uruguay.
O sea: están preocupados y ocupados en cómo alcanzar un cuarto gobierno y conducirnos sin grupo hacia el Paraíso Socialista Siglo XXI de Venezuela y Cuba.
Me preocupa y me ocupa que en campo opositor se vean las cosas en forma más «light», por llamarlo de alguna manera. El Partido Nacional, barruntando un triunfo que yo no distingo de la misma manera, piensa en su interna aplicando la teoría de “nohaganolasquevamosbien”.
El Partido Colorado, luego de años de caída libre y casi desintegración, recurrió a la histórica figura de Sanguinetti para ayudar en un empujón que todos (de adentro y fuera de esa colectividad) deberían reconocer más allá del resultado palpable en votos.
El Partido Independiente, como dije, es parte de la estrategia frentista para una segunda vuelta; y el Partido de la Gente, sin encontrar eco a su reclamo de una concertación que le permita a la oposición juntar sus votos con seguridad de triunfo, navega como mejor puede hacerlo un recién llegado que mide fuerzas con partidos de 180 y 60 años.
Pero lo que realmente me está asustando es que la oposición no está levantando la cabeza para ver la película entera que se está desarrollando.
Hay sí algo claro: si quienes queremos conservar el Republicanismo y la Democracia no nos unimos como tantas veces lo hemos reclamado y votamos juntos, el Progresismo se encargará de no desperdiciar ninguna posibilidad de perpetuarse en el gobierno.
El “nohaganolas” es una droga peligrosa: es cómoda de usar, parece placentera pero es letal.
P. D.: perdón por la mala onda y el pesimismo. A veces es necesario.