Lunes 22 de abril, 2019
  • 8 am

La necesidad de propuestas concretas

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez
En este año electoral que comenzó a vivir nuestro país, existe la imperiosa necesidad de encarar las cosas en serio, y no continuar burlándose del ciudadano. Porque el ciudadano es la base de nuestro sistema democrático. Por tal condición, es el que va a elegir los titulares de los órganos de gobierno electivo. Pero para elegir, debe conocer las propuestas que cada partido político o cada candidato tiene, analizarlas y en su momento decidir la opción que entienda corresponde.
Ha trascendido una encuesta realizada por KPMG, individualizada como la 23º. Encuesta Perspectivas Empresariales, donde el 76% de los empresarios ven que las propuestas para las próximas elecciones son más de lo mismo, y el 66% de los empresarios no ve que existan propuestas innovadoras.
Son porcentajes demasiado altos entre un grupo de la sociedad uruguaya que es dueño de empresas (para el gobierno frentista con su criterio marxista sería la “clase burguesa empresarial”), o está vinculado en cargos jerárquicos (directores o gerentes), y que nos dicen que la oferta de propuestas para las próximas elecciones, a realizarse dentro de escasos diez meses, es insuficiente. Esta afirmación se reitera en otros ámbitos de nuestra sociedad que no son precisamente empresariales.
Se trata de requerimientos que no se pueden descartar en el análisis general de los cambios que prometen los distintos partidos políticos y los precandidatos que andan en danza. Acá mencionamos la palabra “cambios”. Porque ahora el latiguillo de moda es “cambiar”. Tal vez porque repetimos la maldita costumbre que tenemos los uruguayos de copiar lo que hacen los argentinos, recordando que Macri ganó las elecciones liderando un partido que denominó Cambiemos. Por tanto no se extrañen si en Uruguay aparece un partido o un sub-lema con esa mágica palabra. Que es solo una palabra para impresionar al votante y lograr su fácil adhesión, aunque esté vacía de contenido.
Lo que queremos decir, es que no es suficiente que el candidato fundamente sus propuestas en el “cambio”; porque está claro que toda elección supone que habrá cambios. En primer lugar, porque si hay cambio de personas (recordemos que el Presidente de la República no es reelegible), parece obvio que el nuevo Presidente tendrá propuestas nuevas, las que seguramente coincidirán con las propuestas del partido político al cual pertenece. En segundo lugar porque el candidato tiene la obligación de demostrarle al votante que conoce el tema que pretende cambiar, y que está en condiciones de hacer un análisis comparativo entre la situación que pretende cambiar, y la que resultará de los cambios que propone.
Por eso es absolutamente necesario darle al ciudadano, por lo menos, una completa aunque sencilla explicación de sus propuestas de cambio, señalando que es lo que se pretende cambiar, en qué áreas, de qué forma, con que procedimientos, cuál será su equipo de gobierno que secundará la concreción de esos cambios, cuáles son los recursos con los cuales se pretende contar y de donde se sacarán esos recursos. Es decir, cosas concretas, claras, precisas, y sobre todo: realizables. Utopías no. Decisiones que se pueden concretar en hechos.
Proponer cambios con vaguedades que nada explican, o con generalidades indefinidas y vacías de contenido, es una burda actitud demagógica, que desprecia al ciudadano como ser pensante, y lo considera como un simple instrumento electoral del cual se va a olvidar el día siguiente a las elecciones. Como ocurrió con la famosa “madre de todas las reformas”, o el “buque insignia” de los cambios del gobierno frentista, o el “hay que reformar la Constitución”, aunque no se sabía qué era lo que había que reformar, o el demagógico discurso de Mujica al asumir su presidencia cuando quería “educación, educación y educación”, y nada pasó, o si pasó, fue para peor.
Por lo tanto, siendo conscientes que se imponen cambios en la forma en que estamos siendo gobernados y a los resultados que con esa gestión estamos recibiendo, resulta imprescindible que los partidos y los candidatos sean claros y específicos al respecto. De lo contrario nos quedaremos una vez más únicamente con el estribillo de la canción que interpretó Mercedes Sosa y de la que se valió el Frente Amplio en su campaña: “Cambia, todo cambia”. Pero todo sigue igual.