Domingo 25 de agosto, 2019
  • 8 am

Sólo por curiosear

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
La presencia humana sobre la tierra data de tiempos inmemoriales y no se puede saber con precisión desde cuanto porque nuestros antepasados más antiguos no tenían la capacidad de registrar su peregrinar sobre nuestro planeta y los testimonios suelen ser indirectos a través de objeto que fueron dejando sin intención sobre los lugares donde poblaron y que los antropólogos tratan de recoger para rearmar esa antiquísima historia.
Un niño nacido en aquella época se encontraba con el panorama que aportaba la naturaleza de entonces y obviamente veía como un hecho natural la luz del día y la oscuridad de la noche, el aire, el viento, el agua, los valles y las montañas los árboles y sus frutos, los animales, todo como algo tan natural que nadie de esa época se podría imaginar un mundo diferente porque todo era parte de la naturaleza de entonces.
Sin embargo, un niño que nace hoy en la mayor parte del mundo se encuentra con un panorama muy diferente porque a las dotes propias de la naturaleza se le han ido agregando en forma continuada a causa la maravilla de la inteligencia y la inventiva humana el descubrimiento de las virtudes ocultas de la naturaleza y se ha ido aprovechando de ella inventado artilugios para capturar cada una de sus propiedades y transformarlas en prodigiosos inventos.
El niño pequeño de hoy ya no se puede imaginar un mundo sin luz eléctrica, sin vehículos auto propulsado, sin vehículos voladores sin televisores, sin teléfonos, sin videos, sin tablets o computadoras, como si realmente hubieran existido siempre.
De hecho, cada uno de esos elementos que se han ido agregando a la vida cotidiana son parte de la misma naturaleza histórica, la diferencia es que los sentidos naturales no lo podían ni lo pueden captar y era necesario inventar “prótesis” para poderlas percibir.
Así como un miope necesita un par de lentes para poder ver en forma normal, o un sordo necesita de un audífono para poder escuchar, cada uno de los demás que nos consideramos normales, necesitamos “aparatos” para poder ver más allá de los ojos o escuchar más allá de los oídos, para percibir las imágenes y los sonidos que la naturaleza trasmite a través del aire o través de las ondas electromagnéticas.
Cada una de las virtudes ocultas a nuestros sentidos que la naturaleza posee han siendo descubiertas en forma sucesiva por la curiosidad y la inteligencia humana y cada nuevo científico, basándose en el descubrimiento anterior ha ido sumando un nuevo aporte hasta poder contar hoy día con recursos que nadie con expectativas normales se podría haber imaginado hasta no hace tanto tiempo.
Los abuelos de mis abuelos jamás se podrían haber imaginado, ni un vehículo auto propulsado, ni otro vehículo que logre volar con personas adentro, o una nave viajando a otro planeta, ni un aparato de comunicación a distancia en cada una de nuestras casas ni siquiera una fotografía y menos la captación y preservación de imágenes en movimiento y menos aún la observación en nuestras casas en forma directa y simultánea de imágenes surgidas en cualquier parte del mundo
¿Cómo se podrían haber imaginado que en nuestros bolsillos podríamos disponer de una aparatito con el que podríamos comunicarnos con cualquier otra persona en cualquier otra parte del mundo, recibir o enviar un mensaje escrito y hasta vernos en forma simultánea en una pantalla?
A la velocidad que cambian las cosas, ¿cómo podemos imaginarnos nosotros hoy que descubrimientos disfrutarán en el futuro a los nietos de nuestro nietos en la medida que los científicos del futuro sigan descubriendo más secretos que la naturaleza aún tiene ocultos y se sigan creando instrumentos para captarlos?
Espero que las generaciones futuras puedan ponerse acuerdo para disfrutar de forma racional y pacífica de los prodigios que seguirán llegando en forma cada vez más acelerada.
Yo no voy a estar ahí, pero me gustaría aunque no sea más que un ratito, sólo para curiosear.