Sábado 7 de diciembre, 2019
  • 8 am

Amores virtuales

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*

¿Es amor el que se establece entre las personas a través de las redes?

¿Por qué cada vez más la gente se contacta a través de las pantallas?

¿Es esto una nueva forma de amor platónico?

¿Quién no disfrutó leer, ver películas donde el amor romántico nos hace permanecer a la espera de un desenlace amoroso, donde los personajes se encuentran y viven “felices para siempre”?

¿Quién no experimentó un amor secreto, silencioso y plagado de fantasías intensas en algún momento de la vida?

García Márquez en “El amor en los tiempos del cólera” nos hace navegar por casi 50 años de espera para que sus personajes se encuentren y disfruten de su amor prohibido.

La realidad, hoy, nos demuestra el gran temor que presentan las personas de establecer vínculos estables, comprometidos, y tiene que ver con la evitación del sufrimiento.

La virtualidad protege de ese encuentro real. La pantalla no es un impedimento para poder expresar que “se tiene algo con alguien”, para decir que “se tiene vínculo”.

Atrás quedó “la media naranja”, el otro ideal que sería el amor de la vida, el buscar ese tipo de amor, ya es parte de las minorías.

La realidad fue mostrando la inexistencia o el esfumarse del amor romántico. La dificultad de sostener la imposibilidad de la espera, y esto dio lugar a otras búsquedas, menos frustrantes.

Los miles de sitios y aplicaciones dieron lugar a otras formas de encuentro, de contactarse, de protegerse y no exponerse en un “cuerpo a cuerpo”, “cara a cara”.

El perderse y encontrarse detrás de una pantalla, protege. Exime de las explicaciones convencionales, cuando uno quiere hablar y otro no, por ejemplo.

En las relaciones virtuales, el diálogo se corta cuando pasa a no ser tan gratificante, “me estoy quedando sin batería”, “tengo sueño”, “no puedo hablar ahora”, excusarse cuando la cosa está aburrida o no es lo que se espera, es más fácil que dar “la cara”, poner el cuerpo, verse frente a frente.

La diferencia entre la historia de García Márquez y las historias actuales, es el manejo de los triángulos amorosos. A veces se buscan nuevos contactos, terceros, cuartos y se sostienen estas virtualidades, además de la pareja convencional.

Se omite la pérdida posible, la que se tiene al lado.

Se omite la posibilidad del conflicto.

Se omite el dolor del otro, de la culpa, del reproche, que inevitablemente adviene cuando estas situaciones son desenmascaradas.

La virtualidad, deja esa sensación de que el otro está siempre ahí, cuando algo de la pareja real frustra, está lo virtual que exige menos, y promete más. Que responde “al toque”, provocando esa sensación de alivio. Alivio en tanto el otro me dice lo que quiero escuchar, dando lugar a la mentira piadosa o mentira que me protege de la realidad cruda que no puedo encarar…realidad que me devuelve, que nada es para siempre, que el amor no es eterno.

Como en cualquier situación de enamoramiento, llegará el desenamoramiento y de ahí, se podrá transitar al amor verdadero, maduro, resignificar el amor o no…

Resignificar el amor, es atravesar los conflictos. Conflictos que tienen que ver con las diferencias entre uno y otro, con la desidealización, con captar que el tiempo nos va cambiando y vamos deviniendo diferentes, borrando la mismidad que creemos nos garantiza SEGURIDAD.

Aún no sabemos cómo seguirán estas historias, y termino con un trozo de una canción de Silvio Rodríguez

….”¿Adónde va lo común, lo de todos los días?

¿El descalzarse en la puerta, la mano amiga?

¿Adónde va la sorpresa casi cotidiana del atardecer?

¿Adónde va el mantel de la mesa, el café de ayer?

¿Adónde van los pequeños terribles encantos que tiene el hogar?

¿Acaso nunca vuelven a ser algo?

¿Acaso se van?

¿Y a dónde van?

*Psicoterapeuta Vincular