Sábado 20 de abril, 2019
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Mazzarino: “Pienso seguir disfrutando del básquet hasta cuando no pueda más”

El salteño, Nicolás Mazzarino, surgido en Ferro Carril y a los 15 años llegando a Montevideo para convertirse más tarde en campeón Federal, jugador internacional, capitán del seleccionado nacional y referente internacional, sigue acaparando elogios cada vez que le toca competir a primer nivel. Hace pocos días lo hizo en Liga de las Américas con Malvín en Brasil; allí entrevistado por los responsables de Fibaamérica, contó algunas de las sensaciones que marcan el amor por el básquet a los 43 años. Todo un símbolo del básquet uruguayo, que, a pesar de la edad, no piensa en un retiro.
Porque de eso se trata, no de permanecer en actividad o de estar completando un plantel con presencia testimonial. No, se trata de competir, de no pasar desapercibido y hasta de ser influyente en el juego. Sus números lo avalan: en el grupo A de la Liga de las Américas Mazzarino, a pesar de la eliminación de Malvín de Montevideo, aportó 16 puntos con un valorable 43% en triples en 29 minutos de promedio. “Aunque con mi edad debería disfrutar más, cuando perdemos o las cosas no me salen, me sigo amargando. Soy exigente como cuando era joven y no sé si está bien ser así. Pero también esa actitud, tal vez, es la que me permite seguir. No es común estar jugando a los 43 años, jamás lo imaginé, pero por lo que pasa en la cancha siento que mi nivel es aceptable y puedo continuar”, explica el nacido en la ciudad de Salto, en el límite con Argentina.
El jugador de Malvín asegura que no le importa cómo lo ven los rivales, pero se ríe cuando cuenta que “tanto mis compañeros como los rivales me deben ver como el viejito de la Liga Uruguaya. Si ahora hasta juego con los hijos de antiguos compañeros míos… En el público tampoco veo nada especial. Los de Malvín me quieren y los rivales me insultan. Pero debo reconocer que me siento respetado. Debe ser porque en toda mi carrera nunca generé conflictos, ni polémicas. El problema es que muchos se olvidan que tengo 43 años y me exigen como si tuviera 30. Yo mismo digo, ´hey, tengo 43, muchachos, entiendan eso´. En el plantel de Malvín, cuando se hacen o dicen cosas, tengo que bajar al nivel de los chiquilines para entender y participar del grupo. Son de una generación muy diferente a la mía”.
Mazzarino reconoce que debe cumplir la función de líder del equipo, aunque dice que lo hace a su manera, “diciendo pocas cosas. Trato de ayudar sin ser invasivo. También fui joven y no me gustaba que los más veteranos me estuvieran mucho encima. Por eso, hablo poco y trato de ser ejemplo con mis acciones”.
EUROPA Y LA VUELTA
Desde su debut en 1994 y luego de ocho años en el básquetbol uruguayo Mazzarino fue detrás del desafío personal de probarse en otras ligas. En 2002 emigró para jugar el tramo final de la temporada 2001/02 en Argentina y desde allí el gran salto a Italia, donde jugó 11 campañas. “Disfruté como loco mi paso por Europa, su profesionalismo, en el que solo debes pensar en jugar al básquetbol. Pero en 2013 tomamos una decisión familiar junto a mi esposa de regresar a Uruguay, pensando en la crianza de nuestros hijos. Además, no quería seguir en Italia y no jugar, al tiempo que deseaba volver a Uruguay en un buen nivel. Pero lo importante fue que priorizamos a la familia, que para mí es lo más valioso”, cuenta el esposo de Magela, una salteña como él, con la que caminan a la par desde hace 23 años, y el padre de Francesco, de 16 años, y de Delfina, de 12.
Una pregunta clave es, ¿por qué seguir jugando a los 43 años? Las respuestas pueden ser variadas, pero Mazzarino, contundente como cuando mete uno de sus habituales triples, señala dos que conmueven y emocionan: “Porque me da miedo el día del retiro y porque después de 34 años de carrera sigo amando tanto jugar al básquetbol como cuando empecé a los nueve”. El silencio en la charla le indica que queremos más detalles y él agrega que su vida “siempre fue muy rutinaria. Viví para ser jugador e hice todo lo debía. Aunque tengo algunas inversiones comerciales, me cuesta dejar, no imagino cómo será mi vida después de jugar. No sé cómo reaccionaré, si podré seguir en la actividad como entrenador. Hoy sigo disfrutando del básquetbol y pienso seguir hasta que no pueda más. De la mente estoy perfecto, aunque el cuerpo me va abandonando de a poco”.
Otra incógnita no menos vital es, ¿hasta cuándo va a seguir jugando? Mazzarino recuerda que “cuando volví de Italia firmé por tres años, pensado que sería el final. Pero después firmé por una temporada más. Y luego por otra. Veremos cuando termine esta Liga. Yo no me pongo un límite. Si sigo como ahora y Malvín u otro equipo me quiere, ¿por qué no seguir?”
EN CANCHA ABIERTA Y LLUVIA
Una carrera profesional de 25 años suena asombrosamente extensa. Tanto que parece difícil poder mirar hacia atrás con nitidez. Sin embargo, el tirador uruguayo ve muy claro “de dónde salí, de una ciudad pequeña y que aprendí a jugar en una cancha abierta, aun en días de lluvia. Que a los 15 años tuve que dejar Salto, alejarme de mi familia y mis amigos y estar solo en Montevideo para poder cumplir el sueño de ser jugador de básquetbol. Y también veo que llegué a ser profesional en Uruguay y después viví 11 años en Italia, que fue lo que más disfruté en mi carrera. Viví las exigencias y las comodidades del profesionalismo. Cosas buenas, como las amistades que logré y todo lo que aprendí, más de las derrotas, que de los triunfos.
También hubo cosas malas, como no llegar a tiempo desde Europa a ver a mi papá antes de morir.