Miércoles 17 de julio, 2019
  • 8 am

Wilson y los cambios

Rodrigo Goñi
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Rodrigo Goñi

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Por Rodrigo Goñi

La semana pasada hablaba de la necesidad de cambiar el derrotero que Uruguay sigue, y de la misma necesidad que tenemos de no tener miedo a los cambios, y quiero recordar a Wilson, precisamente desde esa faceta que desarrolló, y que fue su impulso de vida.

Cuando desde el ministerio de ganadería impulsó el más vasto estudio sobre la realidad uruguaya, lo que estaba haciendo era prepararse para cambiar sobre bases firmes, tener claro donde estábamos parados como país, conocer que teníamos, que nos faltaba, en que éramos buenos, en que fracasábamos; porque era consciente que nuestro país estaba agotado como generador de riqueza que permitiera sostener dignamente al pueblo y en consecuencia, sino cambiábamos, el futuro sería peor.

Y de esa actitud ante de cambio, fue que surgieron sus propuestas de reformas, agraria, de comercio exterior, de bancos, etc. Naturalmente que fue fruto de una época, y que medio siglo después las ópticas y los conocimientos, son otros; es más, 25 años después, aún vivo Wilson, y después de once años de exilio, su propia óptica era diferente, él había cambiado, junto con el mundo, adaptándose a una nueva realidad ya no hablaba de las reformas propuestas 25 años antes.

Santa Fé

El mundo había cambiado y Wilson con él, pero lo que permanecía en él, era justamente su actitud ante los cambios, y veía que el país funcionaba diferente, pero mantenía algunos lastres que no lo dejaban despegar, y por eso se afirmaba en el ordenamiento territorial que permitiera desarrollar cada rincón del país, que asegurara que el progreso llegara a todos lados, y sobre todo llegara a aquellos más débiles; y allí su último legado de ordenamiento territorial y desarrollo, junto a la descentralización de los recursos.

Es curioso como hoy todos se quieren apropiar de la imagen de Wilson, es como si Wilson fuera un acerbo nacional, que a todos pertenece, y quizá hasta sea así, porque en última instancia Wilson siempre pensó más allá de su persona, obviamente, pero pensó incluso más allá de su partido, porque su desvelo era el destino nacional, y eso lo fue consolidando como “el Wilson de todos”.

Ahora, de esto, a pensar remotamente que Wilson se pudo imaginar, él mismo, fuera de del Partido Nacional, ya es algo rayano con la locura, porque si algo Wilson hizo, fue defender los ideales partidarios a ultranza, porque creía en ellos y los potenciaba.

Naturalmente que existen quienes quieren hacer un uso espurio de su recuerdo, olvidando que en vida combatieron a Wilson, que en vida le dieron la espalda, que en vida le traicionaron, le usaron, le denigraron, le calumniaron y mil etcéteras más, pero para ellos, seguramente Wilson, desde allí, desde el cielo, donde tenía ciega fe que iba a estar, les debe estar preparando una recepción adecuada.

A un siglo de su nacimiento, decimos con más fuerza que nunca: ¡Wilson vive!