Jueves 12 de diciembre, 2019
  • 8 am

“Tenemos que hablar”, una invitación frecuente en pareja

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
Cuando se invita a conversar, en una relación de pareja, generalmente no se trata de ninguna trivialidad como el clima o pintar la casa, generalmente esta invitación predispone a posibles planteos en torno a conjeturas, temores, malestares, porque nunca se sabe “con qué se viene el otro”.
Cada pareja encuadra su forma de encarar situaciones que le acontecen, de forma diferente.
Hay quienes se permiten un espacio y un tiempo frecuente para compartir cosas que le pasan, otros no hablan de nada, otros deciden no hablar, porque si lo hacen, terminan discutiendo; otros acumulan malestares y estallan cuando ya no pueden más.
En fin, las variantes de la comunicación son múltiples. No hay una comunicación ideal, pero sí hay que comunicarse, es lo más cercano a lo saludable en un vínculo.
Entre las variantes de la comunicación, hay dos puntas que me gustaría abordar:
1) Lo que pasa cuando una de las partes transita un problema puntual y lo comunica.
2) Cuando uno necesita hablar para expresar lo que siente, y el otro no escucha.
3) Cuando uno de los partenaires, atraviesa un problema, ya sea de salud, personal, laboral, etc., el tema del conversar, habilitar un espacio para hablar de “eso”, muchas veces deja atrapado o en otras palabras, uno se apropia del problema del otro.
A veces por una cuestión de mostrar su empatía, o por solidaridad o porque simplemente queda mimetizado con el dolor, la angustia del otro, y no puede despegarse de su problema.
Esta no es una forma saludable de ayudar, “sufriendo con el otro”.
Por ejemplo, si uno tiene sobrepeso y debe bajar 20 kilos, dejar de comer para acompañar al que no puede comer nada, es un sufrimiento inmerecido, ponerse también a dieta sin necesitarlo.
Hacerse cargo de la angustia del otro, del problema del otro, no enriquece el vínculo, lo empobrece, da cuenta de un no poder ver con agradecimiento, que se está bien.
A veces, el mimetizarse con el problema del otro, puede llegar a ser, un problema más, para el que se sentía mal…
No hay un ideal de funcionamiento en la comunicación de pareja.
Se transitan conflictos, duelos, cambios, a lo largo de la vida y se van abordando sin prototipos, ni una forma “ideal” de comunicación, se va encarando como se va pudiendo.
Escuchar y acompañar, no es terminar llorando ni padeciendo con el otro. Es mantenerse entero para sostener y respaldar hasta que el otro supere la situación.
2) Otra situación que acontece entre dos, cuando se propone “hablar”, es que uno habla lo que necesita expresar; dice lo que siente, y el otro, escucha para responder rápidamente, “salta” hablando de lo que le pasa a el/ella. Necesita hablar de sí mismo/a.
También sucede, que el discurso del otro, lo sienta como un ataque, y escuche para defenderse, o para dar una respuesta que lo deje bien.
Muchas veces, este hablar no es lo que quien convoca a conversar, espera…por tanto, quien convoca, alguna expectativa tiene, y lo mejor es que explicite, no es lo mismo que uno diga, “necesito contarte qué me está pasando, que estoy sintiendo con respecto a..”, a que emita algo así como “tenemos que hablar”. Hay una predisposición en uno y otro, una expectativa que puede desarticular la intencionalidad de uno u otro.
La comunicación exige un emisor y un receptor, un tiempo entre uno y otro, a veces una respuesta, a veces una pausa, un abrazo, a veces un silencio reflexivo… no necesariamente a cada pregunta, tenemos que buscarle una respuesta.
Jugar con el lenguaje, es posible en tanto no se tema a las palabras, no nos encerremos en “aquello que me dijiste hace 3 años”, o “me hablaste fuerte”, “tu tono no me gustó”…las palabras, los pensamientos deberían ir enriqueciéndose en el tiempo, entre dos.
No quedar fijados a, ni “mal usar” lo que se sabe del otro, para manipular lo que se quiere conseguir. . .
Jugar con las palabras, implicaría buscar nuevas expresiones, nuevas posibilidades de entender al otro, y crecer en el “nosotros”.
*Psicoterapeuta Vincular