Sábado 23 de febrero, 2019
  • 8 am

Misa sin común

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Padre Martín Ponce De León
Hacía unos días había ido a consultar al Obispo por un tema surgido en la parroquia.
Yo había tomado una decisión pero no quería correr el riesgo de equivocarme gratuitamente.
Le comenté lo sucedido y le pregunté lo que debía resolver.
Me llamó la atención su respuesta: “Sentido común, Martín”. Le manifesté deseaba escuchar lo que era, para él, “sentido común”. Me dio una respuesta que coincidía con lo que yo entendía debía resolverse.
Al día siguiente, durante una misa, pude comprobar que el sentido común no es el más común de los sentidos.
En un determinado momento ingresó a la misa una señora.
La misa ya había comenzado, la señora dejó la puerta abierta y le hicieron notar debía cerrarla. Ella asintió pero continuó saludando a los presentes conocidos.
En ese momento comenzaba la homilía.
La mujer saludaba uno a uno a los presentes cruzándose por entre los bancos para poder cumplir con tal tarea.
Me resultaba imposible poder hilvanar alguna idea con aquel movimiento de saludos en el fondo del templo.
Resolví cortar la homilía y dejarla para otro momento de la celebración.
No podía enojarme con aquella señora puesto que sus conocimientos de misa, tal vez, no eran muchos.
Después de la comunión resuelvo retomar la homilía dejada en unas pocas frases.
Una señora se dio cuenta no se había realizado la colecta y se lo comentó a otra señora.
Había agregado cinco frases a las tres cortadas al comienzo.
Con verdadero estupor veo que la otra señora se levanta y se dirige al lugar donde se encuentran los útiles con los que se realiza la colecta.
Me corrió por la mente la imagen de estar continuando la homilía y la señora realizando la colecta y ello me pareció deprimente e incómodo.
Sin duda la homilía no era muy interesante como para ser escuchada.
Ya la había interrumpido por la sesión de saludos y continuarla mientras realizaban la colecta habría sido decadente.
Me sonaba como algo totalmente ridículo que no podía permitirlo.
Sin colecta la misa vale igual.
Allí mismo corté lo que estaba diciendo, di la bendición y concluyó la misa.
No hubo colecta.
Debo confesar que me sentía mal por haber actuado de la manera que lo hice.
Debo confesar que no me hacía ninguna gracia por quienes estaban en la eucaristía y no comprendería las actitudes del “histérico del cura”
Suele ser esa la primera reacción ya que nadie va a preguntar qué fue lo que pasó.
Se me vino a la mente la respuesta del Obispo y no sabía cómo ubicar mi actuar.
¿Había actuado con sentido común?
No me interesaba juzgar a las personas puesto que ello era lo más sencillo.
Quería juzgarme a mí mismo y saber si había actuado desde el debido sentido común.
Yo sé que la misa es muy importante para mí pero no debo pretender lo sea para todos por más que sea una realidad frecuente.
Lo cierto es que había tenido una conducta infrecuente puesto no es común que la homilía sea interrumpida en dos distintas oportunidades.
Sé que habré de guardar en mi memoria esta misa sin común y continuaré cuestionando mi sentido común.