Sábado 20 de abril, 2019
  • 8 am

No sé Rick, suena falso

Andrés Merino
Por

Andrés Merino

68 opiniones

Por Andrés Merino
No hay sistema electoral perfecto, y el que rige en nuestro país no es la excepción. Se le critican varias cosas, y la más notoria quizá sea el hecho de que más parece una carrera de obstáculos que un instrumento de Democracia. La primera valla a saltar son las Elecciones Internas de los partidos simultáneas en junio, diseñadas para elegir grupos de ciudadanos que a su vez, integrando órganos dirigenciales de los partidos, nominarán a los candidatos a Presidente, Vicepresidente e Intendentes de todo el país. En octubre se salta otra: las Elecciones Parlamentarias y para Presidente en Primera Vuelta. De no haber determinadas mayorías para un candidato presidencial, al mes los dos más votados se enfrentan en una Segunda Vuelta o Ballotage. Finalmente, seis meses después volvemos a votar para elegir a los diecinueve Intendentes, más Juntas Departamentales. Y por si fuera poco jaleo, una Ley posterior consagró la elección de Alcaldes y Congresales en todos los rincones de este politizado país.
Sin embargo, esta demostración de resistencia de elegidos y electores no es lo que más suelo criticar, sino la escasez de tiempo para tejer alianzas con que cuentan los partidos entre la instancia de octubre y el Ballotage, además de la incongruencia que significa que las Internas no tengan voto obligatorio y las Nacionales sí.
Resulta que como están las cosas sería bueno que quienes pensamos de forma similar e imaginamos similares formas de conducir la cosa pública, votáramos juntos consagrando acuerdos sólidos como hace el Frente Amplio, evitando asimismo perder inútilmente votos que se dispersan en el lapso de tiempo que separa los compromisos, de apenas un mes.
«No sé Rick, parece falso» es la frase que ha hecho famosa una serie de TV de compra y venta (El Precio de la Historia); y qué bien se aplica cuando blancos y colorados se abrazan camino a la Segunda Vuelta luego de haberse tirado en ocasiones con toda la artillería que tuvieron a mano. Para muchos electores esos arreglos «al galope» no suenan nada creíbles, y de hecho elección tras elección se pierden algunos puntos que cuentan a la hora de una definición reñida con el Frente Amplio, que llega con su porcentaje intacto.
Por todo esto hemos propuesto, en medio del desierto, que los partidos de oposición deberíamos acordar previamente y votar juntos, tal como lo diseñó Seregni cuando fundó el Frente Amplio.
Hace unos cuantos años, allá por principios de los ’90, un grupo de ciudadanos, minúsculo, conformamos lo que dimos en llamar la Comisión Nacional Pro Reforma Constitucional, con la finalidad de incorporar a nuestro sistema electoral el Ballotage o Segunda Vuelta, viendo ya en ese momento la necesidad de votar juntos los partidos tradicionales. Parimos un articulado y se lo llevamos para su corrección técnica al famoso constitucionalista Dr. Casinelli Muñoz. También lo propusimos a las principales figuras coloradas y blancas. Quizá nos habíamos adelantado cinco años, pues nos apagaron la vela, y del articulado sometido a mejoría, nada más supimos.
Arriamos velas entonces y volvimos a puerto. No había ambiente para eso.
Lo asombroso fue que a los pocos años, creo que cuatro o cinco, los líderes impulsaron una Reforma Constitucional que incluyó varias cosas que los quijotes habíamos manejado, Ballotage incluido.
Por qué traje esta pequeña historia a colación? Pues ahora que bregamos por una reacción de la Oposición en el sentido de habilitar un acuerdo programático y electoral, quizá tengamos que esperar otros cinco años más a que alguien escuche, revolcón electoral incluido, nuevo gobierno frentista y boleto de ida a una situación similar a Venezuela en nuestro bendito país (Sánchez Padilla dixit).
Ojalá me equivoque Rick, y que los acuerdos no suenen falsos.