Viernes 21 de enero, 2022
  • 8 am

El empleo y su prioridad

Rodrigo Goñi
Por

Rodrigo Goñi

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Es campaña electoral y los políticos salen prestos con sus palabras mágicas para solucionar los problemas de la gente, como si con palabras se pueda crear dinero.
Desde la política se deben crear condiciones para que aquellos que tienen el don de saber hacer dinero, algo que tiene mucho más que ver con las habilidades naturales de cada persona que con los estudios, puedan desarrollar sus capacidades, sus inventivas, sus visiones de futuro, sus habilidades para trabajar, en especial mucho trabajar.
En general, los políticos, en su afán de solucionarle la vida a la gente, suelen poner trabas, regulaciones, trámites y un largo etcétera, que terminan amputando la capacidad de realización de la gente, en especial, de aquellos que con muy poco saben crear mucho, amputando así las posibilidades de desarrollo de la sociedad toda.
Porque si los políticos pudieran lograr el desarrollo con su accionar, entonces no serían necesarias las empresas privadas, sino que todos dependeríamos de ellos.
En realidad, los sistemas socialistas han creído que si podían lograr, bajo una dirección estatal, en manos claro de los políticos, el sustento armónico de las sociedades, es decir el crecimiento económico, social, cultural de la gente.
Han logrado en realidad fracasar con total éxito, y allí están las experiencias de los regímenes impuestos a sangre y fuego en Rusia, China, Cuba, Venezuela, Corea del Norte, más otros más o menos socialistas, como Argentina, Nicaragua, etc.
Lo cierto es que cada vez que los políticos prometen empleo, en realidad se trata de empleo estatal, en forma directa en la plantilla pública, o en forma indirecta mediante empresas contratadas por el Estado, que en general aseguran importantes ganancias para el empresario y buenos sueldos para sus empleados, pero a costa de que el resto de la sociedad, sufre una alta carga de impuestos directos, además de obtener servicios, en general de regular a mala calidad. Muchas veces esas empresas en realidad son de propiedad del propio Estado, y así tenemos los manidos entes del Estado que de nuevo, el pueblo paga y sufre.
Y por supuesto que esto dicho en forma bastante esquemática, tiene una amplia variedad de matices, en donde se da una lucha entre aquellos que están sostenidos por el Estado o que aspiran a estarlo, y los que han logrado abrirse, a pesar de todo, un lugar en emprendimientos privados, que pagan la fiesta pública, y donde, la experiencia indica, que a medida que pasa el tiempo, la lucha, poco a poco, la va ganando el sector público, y solo se detiene, cuando a fuerza de achicarse el sector privado, la economía se resiente y no logra sostener el aparato estatal, y entonces, también cae éste.
Así sobrevienen las crisis, donde el que menos tiene, es quien más sufre, donde el sector público ajusta sus cuentas, se achica, crece el sector privado, y comienza una vez más el perverso círculo.
Esa es la historia mundial y también la nuestra.
De manera que cunado un político le prometa empleo, ocúpese de analizar bien, en que está pensando, porque la historia suele terminar mal.