Domingo 15 de diciembre, 2019
  • 8 am

Equidad de género y feminismos: no perder el norte

Pablo Mieres
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Pablo Mieres

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Diario

La conmemoración de un nuevo 8 de marzo puso en debate, como quizás antes nunca había ocurrido, un conjunto de significados que han generado múltiples polémicas y, en cierto sentido, han generado líneas transversales de interpretación que corren el riesgo de transformarse en procesos de división y desacumulación para la causa de los derechos de las mujeres y la equidad de género.
En efecto, la reivindicación de los derechos de las mujeres y la construcción de una sociedad equitativa, capaz de eliminar las fuertes inequidades por razón de género, ha tenido un avance muy significativo en los últimos años. Han sido diversos procesos culturales, sociales, políticos y legislativos que se han alineado en una dirección crecientemente favorable para la reivindicación de una sociedad más justa e igualitaria.
Sin embargo, no menos cierto es que los casos de femicidios siguen siendo escandalosamente numerosos y la ley integral de combate a la violencia contra las mujeres no ha contado con los recursos necesarios para su implementación. Y nadie duda que en la vida cotidiana siguen existiendo inequidades que son reflejo de las relaciones de género; nuestra sociedad mantiene conductas machistas que debemos seguir combatiendo.
Pero en esta oportunidad han emergido diferencias muy significativas entre los diferentes colectivos u organizaciones que reivindican los derechos de las mujeres con respecto a la interpretación de sus causas y, también, en algunos casos, con los contenidos de los reclamos.
Ha habido, de parte de ciertos grupos una vinculación directa entre la reivindicación feminista y el combate al capitalismo. Una interpretación que, por cierto, carece de cualquier tipo de sustento histórico.
Baste decir que son, precisamente, sociedades capitalistas las que registran los mayores avances en la consagración y defensa de los derechos de las mujeres. Las sociedades escandinavas son, por lejos, las que expresan los mayores avances de los derechos de las mujeres, hoy en día y desde varias décadas a la fecha, tanto en el plano social, cultural como político. Y son sociedades capitalistas con una fuerte impronta socialdemócrata en su modelo histórico de funcionamiento, pero manteniéndose claramente dentro del sistema capitalista.
Por el contrario, las sociedades islámicas son la contracara y el otro extremo en la consideración de los derechos de las mujeres. Pero, no menos cierto es que en las sociedades que se han denominado socialistas; las del socialismo real y más recientemente las que se autoproclamaron “socialismos del Siglo XXI”, los derechos de las mujeres y la equidad de género, ni hablar de los derechos de los LGTBE, fueron desconocidos y dejados de lado.
Resulta evidente que ha habido un intento de algunas organizaciones sociales por “atar” o vincular, en un año electoral, las reivindicaciones de equidad de género a una definición partidaria. El hecho de estar en un año electoral, ha potenciado estas tendencias en ciertas organizaciones.
Del mismo modo, la intención de relacionar de manera unívoca las reivindicaciones feministas con una prédica antirreligiosa y, particularmente, anticatólica es también un grueso error y una grotesca simplificación de la realidad.
Obviamente que en ciertos sectores religiosos existen tendencias “machistas” y ciertas reglas existentes en algunas iglesias pueden calificarse de inequitativas desde el punto de vista del género.
El gran desafío de hoy es, a nuestro juicio, mantener el norte en las demandas y reivindicaciones originarias, evitando que ciertas expresiones minoritarias, fuertemente sesgadas y, paradójicamente, discriminatorias se impongan con el obvio resultado de reducir la amplitud y la abarcabilidad del movimiento.
La conmemoración del 8M de este año volvió a demostrar hasta qué punto existe un fuerte apoyo social y movilizado a la causa de los derechos de las mujeres y la equidad de género. Es responsabilidad de todos mantener la amplitud de esta convocatoria sin caer en simplificaciones, descalificaciones e intentos de apropiación política que, tarde o temprano, desnaturalizan el sentido del movimiento.