Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

Elegir el camino encontrarse con la vocación

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Generalmente hablamos de los hijos adolescentes y sus frustraciones y rebeldías, la dificultad de conectarse con los padres, la mala comunicación, la evasión, la jerga descontrolada, el borramiento de la diferencia de generaciones.
Cuán difícil es ser adolescente, y ser padre, en estos tiempos…
Escasos diálogos, silencios que se van cimentando día a día, no encontrar palabras, o por otra parte, discursos imperativos, donde también se edifica el silencio, y el ir cerrando toda posibilidad de encuentro…van deteriorando la proximidad en la relación parento-filial.
Actitudes primitivas que abren una brecha afectiva en el vínculo, comportarse de la misma forma que el adolescente, actuar “ojo por ojo”. “Si no me habla, no le hablo”.
El momento privilegiado para acercarse, conectarse, dar una mano, es ese, y a veces, no se percibe…
Es difícil saber qué se quiere, y más en la adolescencia.
La decisión de los hijos al elegir el futuro, se ve sesgada de dos grandes situaciones:
1. Por un lado, cuando los padres influencian desde lo que desean y esperan que el hijo haga.
2. Y por otro, cuando los padres no emiten palabras, e igual los hijos sienten la influencia, o la responsabilidad de ser leales y complacer lo que suponen, se “espera” de ellos.
A veces, esperamos que nuestros hijos sean lo que nosotros queremos. Si las expectativas fueron que estudiara, que no lo haga, nos frustra, y a veces, el desencadenante es una mala relación, un vínculo que se va distanciando, quebrantando.
Las frustraciones porque nuestros hijos no hagan lo que queremos, no elijan el futuro igual a como lo soñamos, no tengan la conducta en tal o cual situación como esperamos y consideramos que es “lo correcto”, nos aleja del IDEAL, de lo que para cada uno es, lo que se quiere del otro.
El ideal no existe. Lo más cercano al ideal, es que sean buenas personas, y sean felices con lo que hacen.
De ahí, a si eligen tal o cual carrera, si ganan más o menos dinero, debería ser secundario.
Pero no siempre es así.
Muchos padres, repiten el modelo de exigencias y mandatos que recibieron, omitiendo las diferencias generacionales, los cambios sociales, culturales, la crianza…
Van construyendo un mandato totalizante, sin flexibilidad, pensando que así asegurarán el ideal de lo que se plantearon para sus hijos.
Cuando es así, los hijos muchas veces se someten a los deseos de los padres para no fallarles, haciendo cosas que no entran dentro de sus intereses. Lo sostienen como pueden y por allá, estalla alguna crisis que lleva al corte de años de estudio de una carrera, que no es la que eligieron por deseo propio, sino por complacer a sus padres.
Cuando logran dar con lo que quieren, se van encontrando desde dentro, y no por influencia de los demás, consigo mismos.
Muchas veces, cuando los ideales de una u otra parte no se satisfacen, sobreviene la angustia, el malestar, el enojo, la frustración, la vergüenza.
2.A veces los jóvenes, fieles a los mandatos de sus normas internas, consideran legítimo ser lo que los padres esperan de ellos. Y aquí lo más importante, muchas veces, los padres no esperan determinadas cosas de sus hijos, pero éstos, internamente creen, que es así.
Al tener incorporadas normas y reglas más exigentes u estrictas, sentidas como naturales, por más que los padres habiliten a que el joven sea lo que quiere ser, es el mismo joven, que no se permite fallarse a si mismo.
Si bien ambas situaciones son complejas y expresan el peso de mandatos, normas, creencias que limitan, son parte del desarrollo de las etapas de la vida.
No es que 1 esté bien y 2 esté mal, ambas son situaciones que se desarrollan en la vida y cada uno debe sortear. Ni pelearse con sus padres ni culparlos ni condenarlos ni condenarse.
Situaciones que acontecen, que llevan a crecer, a madurar, a sortear obstáculos y encontrar el camino de cada uno.
La vocación está dentro de cada uno, el camino para encontrarlo, va más allá de mandatos e influencias, está en poder “romper el cascarón por uno mismo” y descubrirse, y animarse a ser…