Domingo 19 de mayo, 2019
  • 8 am

Un lugar con magia

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Como todas las noches mira el informativo.
Repentinamente un informe acapara mi atención.
¿Qué podía haber sucedido como para enviar un móvil a cubrir un evento?
Es un pueblo de unos 700 habitantes y suele estar rodeado de silencio como para merecer un informe.
Pasaban un informe del carnaval que allí había sucedido.
Cuando concluyó el informe la periodista dijo: “Ese es un lugar con magia”
Sin lugar a dudas debe de conocer el lugar como para realizar tan certera observación.
Desde hace tiempo tengo la oportunidad de conocer tal lugar y siempre me ha asombrado la magia allí existente.
Sin dudas es un lugar con magia.
La magia de que la paz se puede tocar con la mano recorriendo cualquiera de sus calles.
La magia del silencio solamente roto por las voces de los niños en los ratos de sus escolares recreos.
La magia de sus calles apenas transitadas por algunos vehículos.
La magia de la seguridad manifiesta en casas con puertas abiertas o bicicletas en sus veredas.
Pero, también, posee otra magia muy especial.
La magia de permitir el encuentro con uno mismo.
La magia de sacarnos del uso de las llaves y del celular.
La magia el descanso reparador y necesario.
La magia de los recuerdos que afloran con fuerza y se vuelven presencia viva.
La magia de la oración sin prisa y en profundidad.
La magia de poder encontrar a Jesús en todos sus lugares.
Quizás no sea un lugar que tiene la magia de no poseer nada que ofrecer a los que andan en busca de lugares para hacer turismo.
Es uno de esos pueblos que no quedan sobre la ruta y uno debe ir allí por alguna razón especial.
Allí no se encuentra un hotel o una posada puesto que tales emprendimientos no tendrían rinde económico ni futuro posible.
No hay supermercados ni grandes comercios.
Todo es sencillez y tranquilidad.
Los más numerosos habitantes del pueblo que se ven por las calles o por la plaza son algunos perros que, en consonancia con el lugar, ni se molestan en ladrar.
Muy difícilmente se ve gente andando pos sus calles y las que lo hacen saludan levantando su mano pero sin pronunciar palabras.
Surcando el cielo o tranquilamente alimentándose en el suelo uno puede encontrar variedad de aves que conviven con la seguridad de no ser incomodados.
Todo es tranquilidad. El reloj parece ser de otro mundo puesto que el tiempo se ha detenido entre árboles, plantas y casas silenciosas.
Los niños, una vez terminado el horario escolar se desaparecen o se refugian en sus hogares a hacer tareas o mirar televisión con voz muy baja.
Éramos un grupo de unas quince personas y nos ocupábamos de ocupar sus bancos vacíos de la plaza o de transitar por sus calles con absoluta tranquilidad. Pero, también, con el debido respeto a un lugar donde el silencio es un culto.
Sin lugar a dudas es un lugar con magia.
Me podrán decir que, en el interior profundo, uno puede encontrar lugares como éste pero sé que no es así.
No es un pueblo vacío o “muerto” puesto que no hay casas abandonadas o ruinosas.
En un inmenso lugar se encuentra una fábrica de dulces de una reconocida marca a nivel nacional pero esta, también, se encarga de colaborar con el silencio del lugar y aporta algún aroma delator del dulce que están elaborando.
Todo es magia en ese lugar y uno puede tener la dicha de dejarse empapar por ella para renovarse anualmente.