Viernes 22 de noviembre, 2019
  • 8 am

“Confiaron en mí”

Pablo Galimberti
Por

Pablo Galimberti

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Mons. Pablo Galimberti
Son palabras de una joven de la comunidad “Fazenda de la Esperanza” para mujeres. Una propuesta terapéutica inaugurada en el 2009 en San Pablo, Brasil y presente en nuestro país (Melo). Esta joven superó allí la esclavitud de la droga y con nuevos bríos, aprendió a colaborar en la recuperación de mujeres adictas. No hay mejor testimonio que decir: yo pude, pero no estaba sola. En especial una mirada amorosa que me sostiene, Dios en mí, me despierta cada mañana.
El obispo de Melo Heriberto Bodeant, que acompaña de cerca estas comunidades en la Diócesis de Melo, me contó que un día estalló un serio conflicto y él tuvo que intervenir buscando remontar la crisis. La responsable le dijo que no confiaba en nadie, ni siquiera en ella misma, sólo en Jesucristo! De esa fuente inspiradora nacen gestos y energías, porque de otra forma no se podría sostener el ritmo y fatigas diarias a base de puro voluntarismo.
La propuesta combina la convivencia, el trabajo y la espiritualidad alimentada en el Evangelio. Todo esto sostenido por dosis de paciencia y diálogos. La chacra de los varones por ejemplo, es un espacio muy apropiado donde vuelcan energías sembrando, experimentando tiempos de espera, podando y recogiendo frutos.
El obispo “Beto”, así suelen llamarlo, acompaña con paciencia la tarea de rehabilitación. Regularmente les propone alguna película para generar debates. Tuvo que descartar las que son habladas en idioma que no sea el español y con traducción en leyendas, ya que algunas llegan sin saber leer y con historias de violencia acumuladas en sus jóvenes años.
Una joven a los pocos meses de ingresar a la Fazenda resumió la clave del proceso sanador: confiaron en mí. Otro joven, uno de los iniciadores de la comunidad de varones de la Fazenda de la Esperanza en San Pablo, contó con sencillez los orígenes de esta propuesta rehabilitadora. Después de escuchar una frase de Pablo de Tarso, que encontró en la Biblia: “me hice débil con los débiles”, intentó poner en práctica lo que enseña Jesús. No tuvo que ir muy lejos. En la esquina de su casa se reunía una “barrita” de jóvenes. Se acercó, bajó de la bicicleta y comenzó un sencillo mano a mano. Cuenta que un día le piden prestada la bicicleta. Pasaban los días y ya casi la daba por perdida. Pero llegó la gran sorpresa. La bici destartalada brillaba como nunca. Recién pintada, parecía nueva.
Subrayo el valor de la confianza como experiencia fundante y clave de la rehabilitación. No la fabricamos solos. Crece como frágil plantita ante un rostro amistoso y respetuoso. Respiramos un ambiente social y cultural iniciado a fines del siglo XIX que se propaga en el siglo XX. Un pensador francés encontró un denominador común que aúna a tres pensadores modernos (Nietzsche, Marx, Freud) y los llamó “maestros de la sospecha”. A eso se añade una difusa sensación social y psicológica de inseguridad que sobrevuela. Y que en muchos casos se percibe en el continuo fluir de opciones, inquietudes y sueños que no logran plasmarse.
Es por eso que los gestos que acortan distancias son siempre bienvenidos. En cada hogar, entre vecinos, barrios, estratos sociales, generaciones, hinchadas, partidos políticos, iglesias, etc.. Cualquier iniciativa que acorte distancias físicas, mentales y culturales merece ser apoyada. Tienen efecto sanador y multiplicador.