Domingo 19 de mayo, 2019
  • 8 am

Ejercicio de paciencia

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Padre Martìn Ponce
De León
Una de las realidades exigentes, al menos para mí, es mirar la tele con la compañía de uno de los que vive en la parroquia desde hace ya unos años.
Sé lo que es pero no logro acostumbrarme.
Sé lo que me implica pero me desacomoda la poca paciencia que poseo.
Sea el programa que sea siempre tiene comentarios para realizar.
Cuando es alguna película sé que debo escucharle despotricar contra los que intervienen en ella.
Todas las actrices son “hermanas del técnico de Peñarol” y todos los actores son “hermanos de algún jugador de Peñarol”
Los únicos que merecen sus comentarios de ponderación son aquellos que aprendieron con “Bonanza” o con “Harry Poker”
Lo más difícil se hace su compañía durante el informativo o los partidos de fútbol.
Allí saca a relucir toda su capacidad de hacer que mi poca paciencia sufra alteraciones.
No importa la noticia que sea para que tenga abundantes comentarios y explicaciones para brindar.
La mayoría de los coches accidentados son conocidos suyos pues han estado estacionados en el centro.
No importa si el accidente fue en Maldonado, Argentina o algún lugar de Europa. “El dueño de ese auto es flor de machete porque cuando estuvo en el centro no me dio nada” “La dueña de ese auto es buenísima. Siempre me da veinte pesos”
La casi totalidad de los políticos no saben nada y cuando estuvieron por aquí él les dijo: “Usted es flor de atrevido porque no sabe nada. Tiene que tener más “periencia” y llevarla con esta (hace señas tocándose la sien). Yo lo conocí cuando estuvo en el centro y hablé con él”
Pero su descontrol más total es cuando mira fútbol.
Siempre, como no podría ser de otra manera, está en contra de lo que dicen los relatores o los comentaristas. “Estos viejos no saben nada”
Todo el tiempo que dura un partido grita y vocifera contra jugadores o jueces.
Cada vez que anuncian algún gol en otra cancha él grita: “Ahora sí, Nacional se despide de la copa” “Chau Peñarol, ahora tiene que hacer veinte goles para ganar”
Llega, se pone a mirar y: “Este cuadro está jugando malísimo. Tiene que hacer un cambio”
Sea cual sea el partido que mire del lugar que sea “Tiene que ir a la cancha de Danubio y allá lo están esperando Mineiro, un cuadro mejicano, Defensor, El Tanque” y algún otro cuadro que se le ocurra. “Van a jugar a cancha cerrada y por la penal”
Es obvio que hay un montón de comentarios que me resultan imposibles de compartir puesto que sería lo último que escribirían y este artículo no sería publicado.
“Este juez es de Montevideo y está comprado por Nacional y Peñarol. Está preso porque lo agarraron con una nena chiquita dentro del baño de un liceo”
“Yo ahí le pego y si me dice algo le saco la roja y lo mando a lavarse las patas”
Son noventa minutos donde grita, vocifera, insulta y se enoja.
Por suerte los partidos de fútbol tienen quince minutos de descanso donde guarda un inmenso silencio. Yo creo que recarga las pilas para poder soportar el segundo tiempo con renovada energía.
Es imposible resultar indiferente pero, también, inútil realizar algún tipo de comentario puesto que ello motiva una andanada de gritos que intentan demostrar lo equivocado que uno está.
Supongo no alcanza con tener paciencia para poder disfrutar de algún rato de televisión se requiere muchísima paciencia y yo sé que no la tengo.
Nadie me creerá si le digo que mirar televisión con él es algo mortificante.
Uno sabe a lo que se expone pero siempre logra desacomodar la paciencia que uno pueda intentar ejercitar.
Es, sin duda, un regalo de Dios para aprender a tener algo de esa inmensa paciencia que Él tiene para con nosotros.