Miércoles 21 de agosto, 2019
  • 8 am

Autoestima: de la imagen a la realidad

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

118 opiniones

Por la Ps. Gisela Caram
La relación con uno mismo, lo que se piensa o se siente, muchas veces no coincide con lo que los demás ven, piensan y/o suponen.
La familia, pareja, amigos puede que nos vean de determinada forma, nos aprecien, nos quieran, pero puede ser que uno se sienta y se vea de otra forma y hasta no se quiera.
A esos sentimientos de vacío, de insuficiencia, de insatisfacción, de fracaso, más allá de que se tengan muchos logros, sintiendo no se consiguió nada, eso habla de “baja Autoestima”.
Lo que YO pienso de mí, y no lo que los demás piensan o ven en mí.
Creer que lo que hago, lo que logro, está bueno, lo disfruto, me nutre, me satisface, es estar en concordancia con mi yo interno.
Cuando nuestro amor propio sufre algún fracaso o frustración, se pone en juego nuestro mundo interno. Hacer como si nada, mostrarse indiferente, no es más que un mecanismo de defensa que debe enfrentar nuestro Aparato Psíquico.
Me propongo pensar en cómo enfrentamos las frustraciones de la vida, que todos tenemos.
Cada persona usa mecanismos de defensa frente a la angustia que le provoca el dolor.
Hay mecanismos que son más primitivos y otros más evolucionados.
Por ejemplo puede pasar que frente a una pérdida importante en mi vida, no quiera salir más a la calle, cruzarme con gente, eso habla de un repliegue sobre mí mismo, un aislamiento.
El ser humano es un ser social, y necesita vínculos. El aislamiento es un mecanismo de defensa precario.
Puede pasar que el suceso acontecido, me duela, lo procese, o lo racionalice y poco a poco, vuelva a sentirme listo para enfrentar nuevas situaciones.
Puede que un acontecimiento en mi vida afectiva, me lastime, me haga sentir débil, vulnerable, pero en mi vida laboral me siento seguro y me hace bien trabajar. Esto significa que la autoestima tiene facetas que son autónomas. Diferentes áreas. Quizás en lo afectivo me cueste encarar algo nuevo, pero desde lo laboral, compenso el sentimiento de fracaso.
Como también puede ser que el fuerte, sea lo intelectual, y esto estaría compensando mi debilidad en el plano afectivo.
La baja autoestima no tolera críticas ni verdades que le hagan tambalear lo que se edifica precariamente; un ejemplo de baja autoestima sería también cuando se adopta una postura soberbia.
Los soberbios, piensan que nunca están a la altura del reconocimiento del otro, nunca es suficiente, y adoptan esta fachada, sintiéndose superiores, de esta forma quieren demostrar una imagen que es diferente a su sentimiento interno, de poca valía. Esto provoca estados de angustia y depresión que llevan adelante en soledad, pues la búsqueda de logros implica una exigencia, y temen al fracaso.
La búsqueda de sostener la autoestima en función de la imagen que se quiere dar, y no desde el adentro, conectándose con lo que uno es y puede, lleva a buscar rodearse de personas que lo único que hacen es HALAGARLOS, y esto provoca un enorme riesgo, que es estar “fuera de la realidad” y sentirse omnipotentes.
Una forma de justificar el aislamiento es por vergüenza o culpa.
Victimizarse es una forma primitiva de ubicarse, es no querer crecer. No hacerse responsable de la vida. Esto, muchas veces envuelto por sentimientos de vergüenza y de culpa.
Con la vergüenza, nos quedamos enganchados en la mirada de los otros.
Con la culpa, me ubico en ser autocrítico, actuar, y si tengo que reparar, encaro.
La baja autoestima, limita.
Conectarse con aspectos de uno mismo, puede hacer la vida mucho más disfrutable. El autoconocimiento es una herramienta que nos abre y nos cierra puertas.
Está en cada uno elegir si quiere llaves nuevas. . . si se anima a abrir nuevas puertas o se encierra en sí mismo.
*Especialista en Psicoterapia Vincular